Magistrado que juzgó la dictadura argentina asegura que "las heridas no pueden cerrarse sobre la base de la impunidad"


Carlos Rozansky tiene 57 años, conserva la melena de sus años de estudiante, fue el primer magistrado que juzgó a responsables de la dictadura argentina por genocidio y tiene claro que, frente al debate sobre la utilidad de estos procesos, "las heridas no pueden cerrarse sobre la base de la impunidad".


Hace un par de años presidió el Tribunal que condenó a cadena perpetua a Miguel Etchecolatz, ex jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura de entre 1976 y 1983 y responsable directo de la llamada "Noche de los lápices", en la que se secuestró, torturó e hizo desaparecer a un grupo de estudiantes.


Después de aquél primer caso contra los represores de la dictadura, al que sucedió otro contra el sacerdote Christian Von Wermich -capellán de la policía bonaerense que engañaba a los torturados-, Rozansky asegura a Efe que continúa con el proceso contra los "más de cien terroristas de Estado", y anuncia que probablemente antes de que acabe este año "caerá alguien más".


Precisamente imparte hoy en Granada una conferencia con el nombre "El Estado argentino frente al terrorismo de Estado", en la que recordará los pormenores de ese proceso que lo llevó a la primera plana de los diarios argentinos y que pudo realizarse tras la derogación efectiva de la Ley de Punto y Final y Obediencia Debida.


"Los represores actúan por irradiación, tocan a uno pero afectan a mil", sentencia, parafraseando a un personaje de la obra teatral "El señor Galíndez", y añade que esa irradiación todavía se siente en la sociedad argentina.


Da un sorbo a su café -confiesa que le encanta- y asegura que "el terrorismo de Estado acaba afectando al sistema de razonar de la gente y su facilidad para ver lo obvio, provocando que lo absurdo se haga cotidiano".

 

Durante el juicio a Etchecolatz desapareció uno de los testigos más importantes, Jorge Julio López, tras lo cuál él mismo y otros jueces del Tribunal recibieron llamadas y notas amenazándoles de muerte, pero él continúo con el proceso.


"Tuve miedo porque el miedo es humano, pero hay un punto en que el miedo deja de ser decisivo", confiesa, y añade que "el terrorismo de Estado triunfa si consigue inmovilizarte, pero fracasa si al día siguiente consigues levantarte de la cama".


En este sentido, valora la "madurez" que está demostrando la comunidad argentina al aceptar la investigación judicial de los años de la dictadura, bien en los procesos contra sus responsables o bien en los llamados "Juicios por la Verdad", en los que, aunque no se condene a nadie, se intentan esclarecer hechos como las desapariciones y las torturas.

 

"Sería muy cobarde hablar de reconciliación sin Justicia", expresa en relación con el debate que se abrió en su país al inicio de estos procesos, cuyos detractores argumentaban que con ellos se reabrían heridas ya cerradas en la sociedad argentina.


El juez lamenta, sin embargo, que en ningún país iberoamericano exista una recuperación democrática "integral", pero apunta a que en otros países de la región "que compartían con Argentina el proyecto de terrorismo de Estado" aún existen reparos para desarrollar medidas judiciales como las adoptadas por este país.


Cuando se le pregunta por la iniciativa del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón de encausar a los dirigentes de la dictadura franquista, se muestra prudente y señala que no puede "meterse en la realidad española", pero considera que, "desde el paradigma de los Derechos Humanos el Estado debe atender al derecho de los ciudadanos a conocer la verdad".

 

A Ronzasky la dictadura le sobrevino el mismo día en que nació su primer hijo, mientras estudiaba en la Facultad de Derecho, pero desde entonces asegura que "no ha cambiado en nada". "Aún conservo la melena, aunque entonces la tenía más larga", bromea.


Por Antonio M. Jiménez


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101 años de Panamá América

 
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