MAGISTRADO**Ayer aguardábamos un vibrante pronunciamiento del presidente de la Corte Suprema, César Pereira Burgos, sobre los muchos problemas que aquejan al organismo y a la Administración de Justicia en general. La ocasión era preciosa para ello y la expectativa de los medios era total. Pero, llegado el momento, nada. Nada de nada, salvo una anodina declaración en que culpa a la sociedad panameña por los salvajes disturbios protagonizados por los artesanos ayer.
CRISIS**El otro culpable, según él, somos los periodistas por referirnos en duros términos a los angelitos que atacaron al monseñor Vásquez Pinto. Lo sentimos, no estamos acostumbrados a endulzar los términos, ni a llamar víctimas inocentes a quienes no son más que vulgares asesinos, como suele hacer el aparato judicial a su cargo. Pero, en el fondo, lo que busca desesperadamente es distraer la atención pública de la profunda crisis que aqueja a la Corte, a la cual se han referido algunos de sus miembros.
JUSTICIA**Hace un año, escribimos que el Organo Judicial debía abocarse a la tarea de unir esfuerzos en su propia solución, antes que ésta le fuera impuesta desde afuera. Sugerimos entonces, como tantos otros, como el Colegio Nacional de Abogados y prominentes juristas, que era urgente modernizar su añeja estructura y depurarse. Pero no hizo caso y optó por no hacer nada, sumido en el aislamiento. Hoy, no sabemos si aún le queda tiempo. Si nada hace, que no culpe a nadie ajeno por lo que viene.