Carlos Monsiváis, quien murió hoy a los 72 años, deja un vacío en el mundo cultural e intelectual de México donde se le consideraba como una de las mentes indispensables para tratar de entender al México contemporáneo, por su agudeza y lúcida crítica.
Monsiváis fue un prolífico escritor que transitó por casi todo el espectro de la creación literaria, pues escribió ensayo, crónica y artículos periodísticos. Era una firma frecuente en varias publicaciones y su imagen conocida por sus comentarios agudos en televisión.
El pasado 2 de abril se vio obligado a internarse en el hospital del Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, en la capital mexicana, aquejado por males respiratorios.
El escritor falleció a las 13.48 hora local (18.48 GMT) en el área de terapia intensiva por insuficiencia respiratoria, señaló la Secretaría de Salud al explicar que "en las últimas semanas su estado de salud se complicó".
La noche de este sábado el Gobierno de la capital mexicana le rendirá un homenaje de cuerpo presente en el Museo de la Ciudad de México.
La alcaldía capitalina consideró que "esta ciudad ya no va a ser la misma sin su relator más critico, entrañable y lúcido" e informó que "con esta fecha se instituye la 'Medalla Carlos Monsiváis al Mérito Cultural de la Ciudad de México'" para honrar a los mexicanos y extranjeros que han trabajado a favor de la cultura.
Fue un niño prodigio y creció al lado de figuras como José Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Elena Poniatowska, quien dijo hoy de él que era como su hermano.
Para el escritor José Emilio Pacheco, Premio Cervantes 2009, la muerte de su amigo representa una pérdida de "una conciencia crítica irremplazable".
"No puedo concebir un México sin la presencia ubicua de Carlos Monsiváis. Durante muchos años nos acostumbramos a leerlo, a escucharlo en conferencias por todas partes y en programas de radio, y a verlo en la televisión a tal punto que parece imposible resignarse al nunca más", dijo Pacheco.
El Premio Cervantes calificó a Monsiváis como un hombre "valiente, lúcido, implacable", que "estuvo siempre con las minorías y los oprimidos".
"Para mí es una pérdida irreparable. Termina una amistad de medio siglo, pero no acaba la deuda muy grande con su inteligencia y con su agudeza", afirmó Pacheco.
"Ante su muerte sólo podemos leerlo y releerlo y darle al fin el sitio que merece entre los grandes escritores mexicanos de todos los tiempos", concluyó.
El novelista mexicano Carlos Fuentes dijo en Londres al diario El Universal que "no hemos perdido a Carlos Monsiváis; un escritor no se muere porque deja una obra. No se pierde a Monsiváis: se ha ganado a Monsiváis para siempre".
Para Poniatowska, con la muerte de Monsiváis pierde mucho la gente de habla hispana porque "manejaba un español insuperable y era un hombre que sabía pensar, y saber pensar es algo que se agradece muchísimo, sobre todo en estos tiempos".
El autor, entre otras, de obras como "Días de guardar" (1971), "Los rituales del caos" (1995) y "Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina" (2000), nació en la Ciudad de México el 4 de mayo de 1938.
Estudió en la Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Obtuvo numerosos reconocimientos y el más reciente le fue otorgado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo (CCPNP), el pasado 12 de mayo cuando tenía ya más de un mes hospitalizado.
El Museo del Estanquillo, que alberga la variada colección de juguetes, muñecos y pinturas de Monsiváis, afirmó que "hoy México pierde parte de su propia voz, de su mirada".
"Hoy México pierde una parte fundamental de su identidad, pierde parte de sí mismo, pierde a su conciencia nacional", agregó la institución.
Para la editorial Random House Mondadori se trata de la muerte de "uno de los intelectuales más brillantes del México contemporáneo" y recordó que Monsiváis "fue una de las voces con mayor reconocimiento en los ámbitos culturales, académicos y políticos".
Monsiváis, un maestro de la crónica y el ensayo implacable con todos
El escritor mexicano Carlos Monsiváis, fallecido hoy en México a los 72 años, fue un autor incansable, maestro de la crónica y el ensayo, con una implacable capacidad crítica, que ejerció incluso contra las fallidas políticas de la izquierda.
Enemigo de la cultura como manifestación ajena al pueblo y a la gente, era común su presencia en festivales, ferias y presentaciones de libros de otros amigos escritores ya que la mayor parte de su reconocimiento y admiración lo obtuvo de otros importantes autores como el poeta José Emilio Pacheco o el también mexicano Sergio Pitol.
Monsiváis fue un escritor militante, casado siempre con la defensa de los pobres, de las minorías sexuales oprimidas y de los pueblos indígenas, cuya aportación a la cultura mexicana siempre respetó.
Era crítico con los políticos de su país, pero sobre todo con los modos autoritarios, la sinrazón y los abusos que durante décadas arrumbaron en la pobreza a millones de personas.
"No puede ser la afrenta de que haya sesenta o setenta millones de mexicanos viviendo en la pobreza, en situaciones terribles, con problemas de salud, de habitación, de educación y de empleo. No puede seguir el país así, la sociedad no lo admite, la fluidez social no lo permite", declaró a Efe en una entrevista realizada en 2006 en su casa, un lugar rodeado de gatos y libros.
Ensayista y cronista, este destacado autor de ideas progresistas rechazaba las posturas más radicales y contrarias a los derechos humanos que se han dado con gobiernos izquierdistas latinoamericanos.
"Yo me identificó con la izquierda en muchas cosas, no con la parte de la izquierda que, por ejemplo, dice que Fidel Castro no es un dictador. Con esa parte no me identifico. O que advierte en (Hugo) Chávez un ser ponderado y moderado, eso sí, no lo veo", indicó entonces.
Conocido como el "cronista de la antiposmodernidad" por su vasta obra periodística, Monsiváis es un autor prolífico con obras como "Los rituales del caos" (1995), "Días de guardar" (1970) y "Nuevo catecismo para indios remisos" (1982).
Muchos de sus libros están a caballo entre el análisis de la cultura y de la actualidad, siempre comprometida con la búsqueda de una sociedad más libre y tolerante, pero esa misma intención animaba sus incontables artículos periodísticos.
Desde joven colaboró en suplementos periodísticos y diarios de gran trascendencia en la historia de México, como El Universal, Futuro, Excélsior y el Gallo Ilustrado.
Fue, además, cofundador y colaborador del semanario Proceso, Unomásuno y La Jornada, y ha sido investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano y conferenciante en varias universidades latinoamericanas y estadounidenses.
De su literatura se llegó a elogiar su capacidad para renovar "las formas de la crónica periodística, el ensayo literario y el pensamiento contemporáneo de México y América Latina".
"Ha forjado un lenguaje distinto para representar la riqueza de la cultura popular, el espectáculo de la modernización urbana, los códigos del poder y las mentalidades", indicó el jurado que le galardonó con el Premio FIL, antes conocido como "Juan Rulfo" en la XX Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) 2006.
De él llegó a decir su editor en España, Jorge Herralde, que era "un auténtico fuera de serie" de las letras por su "mirada crítica" y su expresión en un "lenguaje muy personal".
El fundador de Anagrama le publicó en 2000 la obra "Aires de familia", una reflexión sobre la identidad latinoamericana, con la que ganó el Premio Anagrama de Ensayo.