El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, cumple los 100 primeros días de su mandato, tres meses que han puesto a prueba su liderazgo con crisis internacionales de gran envergadura como la que mañana le llevará a la frontera de Colombia y Venezuela.
Veterano diplomático, Luis Almagro ha tratado de sortear las limitaciones de su cargo y la división que bloquea a la OEA con una política más de hechos que de palabras en la que las visitas sobre el terreno han reemplazado a las grandes declaraciones.
La última señal de su estilo como líder la ha dado con la crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela: se ha medido al milímetro en sus pronunciamientos, pero mañana estará en la ciudad colombiana de Cúcuta para conocer de primera mano la situación de los deportados.
Esa potente imagen, que con toda probabilidad irritará a Venezuela, ha sido el gran consuelo de Colombia después del doloroso fracaso diplomático que este lunes le llevó a perder a última hora y por un solo apoyo la votación para convocar una reunión de los 34 cancilleres sobre esta crisis.
Para muchos observadores, entre ellos uno tan inusual como el diario The Washington Post, ese día la Organización de Estados Americanos volvió a decepcionar al rechazar abordar la crisis internacional más acuciante del continente cuando es el único organismo que aglutina a todos los países, salvo Cuba.
En esa reunión del Consejo Permanente quedó patente también que Almagro está lejos de conseguir una de sus grandes metas: devolver relevancia a la OEA en un contexto de alianzas regionales en ascenso como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Almagro no salió a defender el papel del organismo, por respeto a lo decidido por los países, pero quiso dejar claro que su OEA no guarda silencio ni se achica ante las crisis, como muchos críticos decían de la de su predecesor, José Miguel Insulza.
El secretario general se reunió al día siguiente con el alcalde de Cúcuta, Donamaris Ramírez Lobo, hizo suyo un rotundo comunicado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y anunció una visita inmediata a la frontera.
Su política de palabra cauta y diligencia en la acción la aplicó también en la otra gran crisis internacional de estos 100 primeros días: el conflicto migratorio entre República Dominicana y Haití.
En esa ocasión envió una misión con el encargo de elaborar un informe que alertaba sobre la situación precaria de los desplazados y el riesgo de que algunas personas quedaran sin ninguna nacionalidad reconocida.
Su intervención en esta crisis le valió duras críticas dominicanas.
Sin solución
- El problema limítrofe entre Colombia y Venezuela sigue sin resolverse, mientras que miles de colombianos residentes en su vecino venezolano huyen despavoridos ante el temor de que se violen sus derechos humanos.
- El mandatario colombiano, Juan Manuel Santos, afirmó que está dispuesto a reunirse con su colega Nicolás Maduro, mientras que este solicita ayuda internacional para recibir lo que considera una avalancha de refugiados colombianos en su territorio. La Organización de Estados Americanos (OEA) se encuentra en el ojo de la tormenta sudamericana en momentos que la situación entre Bogotá y Caracas no es la mejor. Efectivos militares de ambos países son colocados en la frontera para custodiar, mientras que miles de colombianos huyeron de Venezuela, luego de que se cerraran varios puntos de la frontera. Con muebles y enseres en mano, los colombianos se marcharon hacia su país.