Teller bautizó este precepto apocalíptico como "el equilibrio del terror": si las grandes potencias lanzaban todos sus misiles atómicos, el mundo desaparecería y nadie ganaría".
Años después, en 1991, el imperio soviético se desmoronó sin que un misil estadounidense fuera lanzado, pero la secuela de esta política tendría consecuencias muy peligrosas.
Estados Unidos lanzó sus primeras bombas nucleares en 1945 sobre Japón. Moscú también quería tener semejante arma destructiva y en 1949 logró conseguir una.
Si EU y Rusia la poseían, China Continental debía también tenerla y en 1964 la obtiene. Francia e Inglaterra luego detonan varias bombas entre 1960 y 1970.
Luego, otros cuatro países lograron desarrollar armas nucleares: India, Israel, Pakistán y Corea del Norte.
Las nueve naciones con arsenales atómicos poseen un total de 27,500 bombas nucleares, según estimaciones de grupos de expertos en armas consultados por Defense Link y National Geographic Society (2005). Al denominado "Club Nuclear" hay otra nación que quiere sumársele: Irán.
Debido a la presión de Estados Unidos, que casi ha rodeado al régimen islámico desde Irak y Afganistán en su publicitada "Guerra al Terrorismo", los ayatolás ahora buscan instaurar en el Medio Oriente otro "equilibrio del terror", esta vez para detener a Washington y frenar a Israel.
Se estima que Irán está a punto de perfeccionar el material fisionable radiactivo que le permitirá activar una ojiva atómica, dentro de pocos meses.
Las ambiciones atómicas de Irán, más que mirar hacia el Irak ocupado por Estados Unidos, ven a Jerusalén como el verdadero rival.
Hay dos razones por la cual Teherán teme al Estado Hebreo. Una es su política preventiva, aplicada en 1981 cuando la aviación israelí bombardeó el reactor experimental de Osirek, en Irak, deteniendo el programa nuclear de Saddam Hussein.
Otra "preocupación" de los iraníes es el vasto arsenal atómico de Israel. Cuando el científico hebreo Mordechai Vanunu divulgó en 1986 en el diario británico Sunday Times, que Israel habría logrado construir en secreto más de 100 bombas nucleares, todo el Medio Oriente se encrispó.
Desde 1961, Israel activó su reactor en Dimona, en el desierto del Neguev. Vanunu había hablado de la "política de hipocresía" israelí frente al tema nuclear y pidió a Jerusalén suspender el programa atómico hebreo, que ponía en peligro al Estado judío.
Quizás hoy tenga razón: Ahora los iraníes claman por tener igualdad de derechos, bajo la excusa de producir electricidad en sus plantas de fisión nuclear de Natanz, Isfahan y Bushern.
Adel Arjomanzade, un comerciante iraní que vive en Teherán, indicó a la BBC en su web ese "derecho" de la nación persa de convertirse en potencia nuclear.
"Si India y Pakistán pueden tener energía nuclear ¿por qué nosotros no podemos?", acotó Adel.
"¿Quién sabe si Israel está usando está usando su energía atómica pacíficamente? Por lo menos Irán ha permitido que inspectores fiscalicen las plantas", agregó.
Es evidente el camino de la confrontación directa entre Israel, Estados Unidos y el régimen iraní. Ese afán de instaurar un nuevo "equilibrio del terror", puede causar una guerra pronto.
Sólo la comunidad internacional puede detener este choque, antes que sea demasiado tarde.