Este atentado, que provocó escenas de pánico, es el más mortífero en Bagdad desde los que tuvieron por blanco la sede de la Cruz Roja y cuatro comisarías de policía el pasado 27 de octubre, con un saldo de 42 muertos, y el primero de esta magnitud contra la sede de la coalición.
También es el primer atentado cometido en la capital iraquí en lo que va del año. La noche del 31 de diciembre, un coche bomba causó ocho muertos frente a un elegante restaurante de Bagdad.
El administrador civil estadounidense en Irak, Paul Bremer, que reside en este palacio pero que ahora se encuentra en Estados Unidos, estimó que estas muertes eran “trágicas e inexcusables”, según el portal de internet de la coalición.
El coche que estalló era una camioneta Toyota de color blanco cargada con 500 kilos de explosivos, declaró a la prensa el coronel estadounidense Ralph Baker, encargado de la seguridad del perímetro donde se halla la sede de la coalición. El atentado suicida refuerza la hipótesis de una colaboración de extremistas extranjeros y baasistas iraquíes y coincide con un contexto político delicado, según los responsables militares de Estados Unidos.
Este atentado, se produce en vísperas de un importante encuentro en Nueva York entre el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, el administrador estadounidense de Irak, Paul Bremer, y una delegación del Consejo de Gobierno iraquí.
Uno de los puntos de la agenda de la reunión es el eventual regreso de Naciones Unidas a Irak, lo que desea Estados Unidos, para legitimizar el proceso de transición, criticado por la mayoría chiíta del país.
Según esta fuente, el atentado puede significar un aviso sangriento para disuadir a la ONU de regresar a Irak. Trece personas resultaron heridas anoche, una de ellas gravemente, en la explosión de una bomba cerca del mausoleo del imán Abbas, en la ciudad santa chiíta de Kerbala (centro de Irak), informaron fuentes de un hospital.