La manipulación de la bacteria Escherichia Coli, que generalmente se halla en los intestinos animales, puede generar dos tipos de biocombustible de alta energía a partir de azúcares simples.
Así lo indica un estudio, según el cual se trata de los ésteres grasos y los alcoholes igualmente grasos.
Un grupo de expertos de la Universidad de California, en Berkeley, describe cómo mediante ulteriores alteraciones, las bacterias llegan a expresar y secretar enzimas hemicelulasas.
Las alteraciones genéticas posibilitan que las bacterias produzcan directamente esas moléculas a partir de un componente de biomasa derivada de las plantas.
El constante incremento de los costes energéticos y las crecientes preocupaciones medioambientales han puesto de relieve la necesidad de buscar nuevas fuentes de combustible renovable.