Brasil dio el pistoletazo de salida al Carnaval y se sumergió en una fiesta continua que se prolongará por cinco días, se extenderá a prácticamente todos los rincones del país y a la que pretenden sumarse hasta los tenistas españoles Rafa Nadal y David Ferrer.
Las fiestas más tradicionales y multitudinarias, que atraen a cientos de miles de turistas, son las de Río de Janeiro y Salvador, la capital del estado de Bahía (nordeste), pero es rara la ciudad o pueblo, por pequeño y remoto que sea, que no tenga un Carnaval propio.
El país entero se paralizó, muchas empresas liberaron más temprano a sus empleados y desde la mañana se registraban kilométricos atascos en la salida de algunas grandes ciudades, en especial en las carreteras que comunican São Paulo con las playas.
En Río de Janeiro, el epicentro de la fiesta, el Carnaval fue motivo para suspender hasta el campeonato de fútbol, una de las pasiones nacionales.
Incluso en la bolsa de São Paulo se dio una tregua relativa y el volumen de negocios era inferior a lo habitual.
Hasta la Presidencia anunció que la jefa de Estado, Dilma Rousseff, viajó a una playa en el estado de Bahía para pasar unos días de descanso con su familia y que solo reasumirá labores el miércoles.
La política, no obstante, estará muy presente en este Carnaval, puesto que han tenido mucho éxito las ventas de máscaras relacionadas con algunos de los implicados en el gran escándalo de corrupción de la petrolera estatal Petrobras, que en los últimos meses está monopolizando los debates en el Congreso brasileño.