El presidente de EU, George W. Bush, se jugará en Irak el futuro de su carrera política ya que, si decide finalmente ir en solitario a desarmar a Sadam Hussein y no le sale bien, los estadounidenses previsiblemente le retirarán su apoyo para un segundo mandato.
"La guerra será la prueba fundamental del Gobierno de George W. Bush", dijo Thomas Keany, director del Instituto de Política Exterior de Washington. Para Keany, "el futuro político de Bush depende actualmente de lo que ocurra con Irak".
De momento, la Casa Blanca está concentrada en vender, tanto dentro como fuera del país la idea de que Irak representa una amenaza insoslayable que hay que afrontar antes de que sea tarde.
En EU, Bagdad es, por encima de la economía, el asunto prioritario para el Gobierno Bush, un presidente que según las últimas encuestas cuenta con el apoyo del 57 % de sus conciudadanos, mientras otro 37 % desaprueba su labor.
Este nivel de aprobación que señalan los más recientes sondeos tanto de Gallup como de Zogby, es el menor obtenido por Bush desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando el apoyo de los estadounidenses a su presidente se elevó hasta el 90 %. Las encuestas indican que el 59 % de los ciudadanos apoya una intervención militar en Irak, mientras que el 37 % cree que no hay porqué atacar a Sadam Husein ahora.
Este apoyo, que durante las pasadas semanas ha demostrado una tendencia descendente lenta pero constante, está condicionado a si el eventual ataque se lleva a cabo con la bendición de las Naciones Unidas.
Un alto funcionario del Gobierno de EU reconoció desde el anonimato que, en docenas de comunicaciones enviadas desde distintas embajadas en todo el mundo "no se reconoce que Sadam Huseín es el problema" sino que se piensa que "Bush es el enemigo".
Estos temores dados a conocer confidencialmente por embajadores de EU a Washington hace apenas un mes, han tomado cuerpo en los últimos días en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde el apoyo a las tesis de EU es marcadamente escaso mientras la oposición es cada vez más manifiesta y, quizá, insalvable.