Miles de campesinos colombianos cansados de la guerra, de servir a guerrilleros y paramilitares, de las fumigaciones de coca que acaban con sembrados legales e ilegales, se adentran desde hace dos años en las selvas vírgenes del sur del país, publicó ayer el diario El Tiempo de Bogotá.
El cotidiano reveló que al menos 22,000 campesinos abren selva en cinco departamentos del sur, comprometidos a "trabajar todos para todos, a no sembrar coca, a no ser mandaderos de guerrilleros, "paras" o ejército, y a no cargar armas".
Hernán Fajardo, cabeza del silencioso proceso de colonización, narró al diario que el proceso se inició en octubre de 2000 cuando se paró en medio de 1,200 líderes campesinos para oponerse a la realización de un paro cocalero como respuesta a las fumigaciones del Plan Colombia que arruinaban cultivos legales e ilegales.
Entonces propuso otra revolución: dejar las parcelas fumigadas y colonizar selvas, abrir monte y apropiarse de esas tierras que debían convertir en campos con comida y, especialmente, con una vida tranquila, sin coca, sin fumigaciones y sin guerra.
"Ya los asociados son 22,231", precisó al rotativo, tras asegurar que se trata de un ejército de campesinos.
Contó que en un primer anuncio no fue muy específico y lo contactaron una mujeres horrorosas. Sin embargo, cuando le pregunté acerca de su aspecto, sus respuestas fueron esquivas y cargadas de carcajadas. Lo más cercano que obtuve a una descripción fue que él tenía "uma barba branca y un saco rojo", sí, como Papa Noel.
Me despedí del simpático "señor extranjero", quien quedó de llamarme a mi número de teléfono ficticio el sábado. Espero no crear mal karma con esa acción.
Luego de esa llamada, mi curiosidad aumentaba y encontré otro anuncio. Esta vez se trataba de una mujer. "English speaker lady seeks...".El anuncio decía que una dama de habla inglesa buscaba matrimonio con próspero hombre de negocios, sin importar su edad o estado de salud.
Desde ya me fue dando "mala espina". ¿Se trataría de una "cazafortunas"?
Pedimos a un compañero que llamara a la "dama". Para empezar el teléfono era de un hotel, ella se alojaba en la habitación 22.
Su español era paupérrimo, además no trabajaba, sino que se dedicaba a escribir.
Cuando nuestro falso interesado le preguntó la edad, la señorita preguntó cuál era la edad de él. El dijo 46 y ella respondió que era algunos años mayor, pero que se veía muy bien para su edad. Era originaria del norte de la ciudad de Nueva York, su cabello era marrón, al igual que sus ojos.