En la capital de la provincia, Muzaffarabad, donde llovía y granizaba con fuerza, reinaba el caos y la confusión, con escasos equipos internacionales trabajando sobre el terreno y grupos de hombres que asaltaban los contados camiones que llegan con comida, agua, tiendas de campaña y mantas.
Aunque la carretera ya ha sido abierta, progresar hasta la ciudad más devastada por el terremoto del pasado sábado es todavía una difícil tarea.
Se necesitan casi cinco horas por un camino que asciende hasta los 2,000 metros de altitud y después desciende por agrestes vericuetos, salteados de poblaciones y plagados de piedras desprendidas de las laderas a causa de la lluvia y el movimiento telúrico.
A unos 25 kilómetros, al llegar al valle del río Yelam, los arcenes de las calzadas están abarrotados por cientos de personas, algunas con sus pocos enseres a la espalda o en la cabeza, que vagan sin saber muy bien que rumbo tomar.
La desolada estampa se multiplica en Muzaffarabad donde al caer la tarde, con la salida del sol, el hedor de los miles de muertos impregnan los edificios arruinados.
Según las autoridades, cerca de 15,000 personas podrían estar aún sepultadas bajo los cascotes en una ciudad destruida en más de un 80%.
Miles de personas deambulan de un lado a otro, iracundas o indolentes, sin saber qué hacer o a quien protestar por una ayuda humanitaria que llega aún a cuentagotas.
Médicos sin Fronteras (MSF) alertó ayer contra el riesgo de epidemias, sobre todo en la ciudad devastada de Muzaffarabad, en la Cachemira pakistaní, aunque las autoridades dijeron que han tomado las "medidas preventivas".
Los principales factores de preocupación son la presencia de numerosos cadáveres, todavía sepultados bajo los escombros, y las dificultades para encontrar agua potable.
Antes del inicio de las tempestades en el norte de Pakistán, la responsable de MSF en este país, Isabelle Simpson, indicó que miembros de su organización humanitaria en Muzaffarabad se inquietaban de una posible "contaminación" del agua, lo que podría provocar epidemias.
La ciudad está "más destruida de lo que se pensaba", millares de personas han perdido sus casas y ello facilita "los riesgos sanitarios", dijo Simpson.
"Han pasado pocos días" desde la catástrofe, "pero debemos ser conscientes" de que los supervivientes "tienen un mínimo de agua potable", declaró la responsable de MSF, añadiendo que "estamos inquietos por la eventual aparición de enfermedades transmisibles por el agua no potable".
Las autoridades pakistaníes, por su parte, admitieron estos riesgos de epidemia y señalaron que hacían lo máximo para minimizarlos.
"Siempre hay un peligro, aunque intentamos tomar medidas preventivas", declaró el número dos del ministerio de Salud en Islamabad, Anwar Mahmood.
Mahmood indicó que 1,500 agentes, que realizan una campaña de inmunización en el norte de Pakistán, habían sido activados para ayudar "en las zonas más afectadas" por el sismo que provocó al menos 35,000 muertos, 17,000 de los cuales sólo en la región de la Cachemira pakistaní.
Muchos habitantes de la zona india de Cachemira quieren que se deje entrar a las organizaciones humanitarias internacionales en este territorio militarizado y que el Gobierno acepte ayuda exterior por el terremoto.
El Gobierno de la India ha rechazado una oferta de ayuda financiera de EU para hacer frente al terremoto del sábado, alegando que se basta con sus recursos internos, la misma política que mantuvo durante el "tsunami" del año pasado.
Estados Unidos urgió a la OTAN a considerar la movilización de recursos de su fuerzas de mantenimiento de la paz en Afganistán para ayudar a las víctimas del sismo en el vecino Pakistán.
El subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, Nicholas Burns, realizó el reclamo en momentos en que la Organización del Tratado del Atlántico Norte culmina sus planes para ayudar a los damnificados del devastador sismo, que dejó decenas de miles de muertos y millones de personas desamparadas.