Un verdadero caos se vivió hoy en la zona norte chilena azotada por un terremoto de magnitud 7,7 grados en la escala de Richter, debido a la escasez de agua en la zona y por la demora de la entrega del vital elemento por parte de las autoridades.
El fenómeno telúrico de 50 segundos de duración, que el pasado miércoles dejó un saldo de dos muertos, cerca de 200 heridos, más de 15.000 damnificados y el 80 por ciento de las viviendas con graves daños estructurales, también dejó otra situación dramática para sus habitantes: la falta de agua y alimentos.
"Esto es una burla, estamos con los bebés en los brazos, estamos sin agua, nada", se quejaron varias mujeres a un periodista de Radio Bío Bio de Santiago.
Cientos de habitantes de Tocopilla, la localidad más golpeada por el terremoto, llegaron a partir de las 15.00 horas (18.00 GMT) hasta el liceo politécnico Diego Portales, donde las autoridades habían prometido la entrega de agua y alimentos a partir de esa hora.
Sin embargo, dos horas después y bajo el fuerte sol del desierto de Atacama, el más árido del mundo, no habían sido atendidas, lo que desató el caos y la ira de las mujeres, la mayoría de ellas acompañadas de sus pequeños hijos.
El comandante del Ejército Esteban Ampuero, a cargo de la distribución de los bienes, explicó a los periodistas que el problema se debió a la mala habilitación de los puntos de distribución.
"Era necesario separar los artículos enviados desde la capital", señaló Ampuero, mientras cientos de mujeres se agolpaban en el local reclamando por el agua prometida.
"Descargar del avión, distribuir, cargar los camiones, hacer los viajes a los colegios (lugares de distribución), es lento, no es un proceso rápido", dijo el uniformado, quién en principio garantizó la entrega de la ayuda, aunque más tarde informes radiales señalaron que había sido suspendido la entrega hasta la llegada de nuevos camiones con víveres.
Muchas personas que habían llegado cerca de las 11.00 horas (14.00 GMT), hasta el lugar afirmaron que lo sucedido en el lugar "era una burla, hace horas que nos tienen parados acá".
"Se fue la presidenta y ya la desorganización es total", gritaba otra mujer en alusión a la visita que hizo este jueves la mandataria chilena, Michelle Bachelet, junto a varios de sus ministros.
La escasez de agua y la falta de alimentos ha tornado aún más dramática la situación de miles de personas damnificadas por el terremoto, que por la noche pernoctan a la intemperie por miedo a nuevas réplicas y porque sus casas han quedado totalmente inhabitables.
Asimismo, las múltiples roturas que presenta la red de distribución del agua potable han dificultado el restablecimiento del suministro en la localidad de Tocopilla, situada a 1.556 kilómetros al norte de Santiago.
La directora de Asuntos Corporativos de Aguas de Antofagasta, Francisca Garay, dijo a la página digital de El Mercurio "que aunque por la mañana se contaba con un 60 por ciento de abastecimiento, durante el día ese porcentaje bajó debido a que el paso del agua por las cañerías permitió descubrir nuevas roturas, que obligaron a nuevos cortes".
Además, muchos habitantes de Tocopilla entrevistados por la televisión abierta local, denunciaron que el kilo de pan ha subido por encima de los 1.500 pesos (2,9 dólares) y que una pequeña botella de mineral se expende a 1.000 pesos cada una (1,9 dólares).
Hoy viernes, Tocopilla volvió a ser estremecida por una réplica de magnitud 4,6 grados en la escala de Richter, cuyo epicentro se situó a 28 kilómetros al sur de esa ciudad, aunque los sismólogos aseguraron este jueves que cada tres minutos se siente un temblor en la zona "afortunadamente" imperceptible para sus habitantes.