Cuatro aldeas y cuatro casas han quedado aisladas de Tulkarem por el muro que Israel construye dentro de Cisjordania, lo que obliga a unos 6,800 palestinos a largas esperas hasta que el Ejército israelí abre la puerta de esa barrera y les permite entrar en la ciudad.
Una de las casas incomunicadas por el muro donde vive la familia de Faisal Umar, director de las oficinas de la Universidad a Distancia de Jerusalén en Tulkarem, se encuentra entre la valla electrónica y la llamada "línea verde", que separa Israel de Cisjordania.
Faisal Umar y sus dos hijos tienen que esperar todos los días a que soldados israelíes abran una puerta en la barrera de separación -a las 07.30 y a las 13.30 hora local- para ir a trabajar y acudir a la escuela en la ciudad.
Las autoridades israelíes han impuesto a la familia entera un sistema de permisos para entrar y salir de esa "prisión a cielo abierto", como la califica Umar, y no dejan pasar a nadie sin ese documento.
Con el sistema de permisos -que la población ha intentado desobedecer sin éxito- la estancia de los palestinos en esos enclaves se convierte en provisional.
Los 40 kilómetros de valla -por tramos un muro de cemento- que transcurren por Tulkarem han creado además dos grandes enclaves donde se encuentran aisladas cuatro localidades; uno al sur de la ciudad de Tulkarem, donde viven más de 300 habitantes en la aldea de Jirbet Yebara, y al norte 6,500 personas en Baka Sharkiya, Nasalat Aisa y Nasalat Abu Nar.
Mientras, las autoridades israelíes ya han confiscado los terrenos y marcado la trayectoria para construir otros 10 kilómetros de valla, paralela a la primera pero más al interior de Cisjordania, con la que 67,000 personas quedarán encerradas en la ciudad de Tulkarem, el campo de refugiados de Tulkarem y de Nur a-Shams.
El próximo día 23 el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya comenzará a debatir la legalidad de la barrera de separación.