Ocho extranjeros fueron expulsados en las últimas horas de China y cinco más fueron detenidos tras el intento de protesta a favor del Tíbet en la capital, según informó la organización Estudiantes por un Tíbet Libre (SFT) y fuentes próximas a las protestas.
Uno de los deportados es Steve Andersen, un ciudadano de Edmonton (Canadá) que fue detenido por policías cuando intentaba desplegar una bandera tibetana junto a un alemán de origen tibetano que también ha sido deportado.
En otro incidente similar, cinco canadienses de la misma ciudad fueron detenidos y expulsados, entre ellos Mike Hudema, portavoz de Greenpeace en Alberta.
Según destacó Hudema a periodistas canadienses, sus habitaciones fueron registradas por la Policía y más tarde se les sometió a un interrogatorio.
Otro deportado fue el estudiante de 24 años Chris Schwartz, de la Montreal Concordia University, detenido después de protestar en la plaza de Tiananmen tendido en el suelo, simulando un asesinato y envuelto en una bandera tibetana.
Estudiantes por un Tíbet Libre, también informó, en otro comunicado, de la detención de cinco activistas por protestar en la plaza de Tiananmen, aunque no detalló si se trata del mismo incidente en el que fue arrestado Schwartz.
Los detenidos son la alemana de origen tibetano Padma-Dolma Fielitz, de 21 años, dos estadounidenses (John Hocevar y Adam Zenko), y dos canadienses (Maude C te y Erich Andersen).
Hocevar es el director fundador de Estudiantes por un Tíbet Libre, una de las organizaciones que se ha fijado como objetivo protestar durante los Juegos Olímpicos de Beijing.
La semana pasada, sus activistas ya lograron desplegar dos pancartas frente a la zona de los principales estadios olímpicos, un incidente tras el cual fueron deportados cuatro ciudadanos de Reino Unido y Estados Unidos.
Grupos tibetanos en el exilio y organizaciones de apoyo a su causa han querido usar los Juegos Olímpicos para denunciar lo que ellos consideran ocupación militar del Tíbet y la muerte de más de 200 tibetanos durante la represión de las protestas del pasado mes de marzo en Lhasa y otras zonas de esa región.
El Gobierno de China alega que la región le pertenece desde hace siglos por uniones dinásticas.