Para millones de personas, el árbol de Navidad es un espectáculo de felicidad. Para los científicos que descifran los códigos genéticos de plantas y animales, es un monstruo.
Estamos hablando de la conífera, el término común para los árboles en forma de pino como píceas, abetos, pinos y cedros.
Por su popularidad navideña, tienen gran importancia en la industria maderera y en la salud de los ecosistemas forestales.
A los científicos les encantaría identificar los miles de millones de bloques que conforman el ADN de una conífera; es decir, secuenciar su genoma. Este tipo de análisis es una herramienta estándar de la biología y hacerlo con las coníferas podría revelar secretos genéticos útiles para la ciencia básica, el cultivo y el manejo forestal.
Pero el genoma de las coníferas es desalentadoramente enorme. Y como si fuera un regalo muy costoso, esto lo había dejado fuera del alcance.
En meses recientes, científicos de Estados Unidos y Canadá dieron a conocer descripciones preliminares y dispersas del genoma conífero. Un equipo sueco planea hacer lo mismo.