Los mineros fueron de nuevo los auténticos protagonistas de otra historia a 800 metros de profundidad: el final de la perforación del túnel suizo de San Gotardo, el más largo del mundo, con 57 kilómetros.
Una gran ceremonia, con asistencia de un millar de personas enmarcó esta jornada histórica para Suiza, que concluyó una gran etapa simbólica en la construcción de este paso ferroviario que se abrirá al tráfico en 2017, según los planes.
Tras la bendición impartida al proyecto por un sacerdote católico y un pastor protestante, la enorme tuneladora responsable de perforar la roca se puso en funcionamiento desde el lado Norte para horadar los últimos 180 centímetros que la separaban del túnel de base del Sur.
Unos 20 minutos después, y en medio de los aplausos de los asistentes, la pared rocosa se derrumbó.
El encuentro selló el final simbólico de la primera fase de un largo proyecto que ya ha desbancado al túnel de Seikán (Japón), de 54 kilómetros, como el más largo del mundo, y que tendrá un claro efecto medioambiental al traspasar de camiones al ferrocarril gran parte del tráfico de mercancías.
Con dos entradas -Ertsfeld, en el norte, y Bodio, en el sur- se prevé que al menos 300 trenes de pasajeros o de mercancías pasen cada día por este túnel, un nuevo recorrido que permitirá a los ferrocarriles alcanzar los 250 km/h y reducirá una hora la conexión Zúrich-Milán, hasta las 2 horas y 40 minutos.
Para perforarlo, las dos tuneladoras llamadas por los mineros "Heidi" y "Sissi", han progresado 40 metros por día, funcionado 320 días al año, y excavado unos 24 millones de toneladas de roca.