La oposición conservadora criticó ayer al primer ministro británico, Tony Blair, por su radical reforma de la justicia, que implica la abolición de instituciones históricas y el nombramiento de un amigo, Charles Falconer, para un cargo clave.
Blair anunció el jueves una remodelación del gabinete que incluye la creación del ministerio de Asuntos Constitucionales, dirigido por Lord Falconer y que reemplaza, con funciones ampliadas, a la legendaria oficina del Lord Canciller, abolida tras 1,400 años de existencia. "Más de mil años de historia echados por tierra y aún no sabemos lo que el gobierno tiene en mente", lamentó el portavoz de justicia del Partido Conservador, Michael Howard.
Lo cierto es que buena parte de las críticas al primer ministro se ha centrado en el hecho de haber emprendido una reforma histórica en una vieja institución del país sin ganar, antes, el consenso parlamentario.