Cuarenta años después de que Martin Luther King proclamara su sueño de una nación sin discriminación racial, ésta perdura y, en Estados Unidos las dos minorías más numerosas -latinos y negros- siguen sin alcanzar aquel ideal.
Hoy, miles de personas con cientos de causas y reivindicaciones diferentes se congregarán ante la escalinata del Lincoln Memorial y en torno al estanque Reflecting Pool donde, el 28 de agosto de 1963 más de 250,000 personas, en su gran mayoría de piel negra, escucharon la inspirada oratoria de King.
"Yo tengo un sueño", proclamó el líder de los derechos civiles en su discurso de 1,550 palabras, "el sueño de que algún día viviremos en una nación donde mis cuatro hijos no sean juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter".
Pero la liberación que soñaba King, y que inspiró al arrollador movimiento de los derechos civiles durante una década, la liberación de los prejuicios y de los estereotipos, sigue siendo una esperanza en EU, a pesar de que hay evidentes progresos.
Ha habido muchos cambios: hoy dos de los rostros más conocidos en el gobierno del presidente George W. Bush -el secretario de Estado, Colin Powell, y la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice- no sólo son negros sino que, al menos Powell, es un habitual en la lista de eventuales "presidenciables". Pero, según su hijo, del mismo nombre las cosas han empeorado.