El Ministerio Público de Honduras decomisó un pequeño avión de matrícula mexicana que llegó al aeropuerto de la ciudad norteña de San Pedro Sula procedente de Colombia con documentación irregular, informó hoy la prensa local.
La aeronave, King Air 200, bimotor, aterrizó el viernes en el aeropuerto internacional Ramón Villeda Morales de San Pedro Sula, segunda ciudad hondureña en importancia, 243 kilómetros al norte de Tegucigalpa.
El jefe del Ministerio Público en San Pedro Sula, Rafael Fletes, comentó a la prensa que el avión, con matrícula mexicana XB-KSC, tuvo un recorrido "muy extraño" antes de llegar a Honduras.
Según Fletes, que no precisó fechas, el aparato "salió de México hacia Maracaibo (Venezuela) y después a Cartagena (Colombia), donde tuvo un aterrizaje forzoso por desperfectos mecánicos y luego salió de Sudamérica con destino" a Honduras.
Cuando el avión llegó a San Pedro Sula, la Policía lo inspeccionó y no encontró nada irregular, pero al revisarse la documentación se descubrió que la matrícula había expirado en diciembre de 2007 y un aviso de prórroga por 60 días también está vencido.
Fletes añadió que en la aeronave únicamente llegó el piloto mexicano Oscar Alberto Flores López, quien no fue detenido porque no se le imputó ningún delito.
Otras fuentes dijeron a la prensa que el piloto regresó el sábado a México e incluso pagó dinero adicional en una aerolínea para viajar por la mañana porque el billete, que ya traía, era para un vuelo por la tarde.
Según las versiones de prensa, aunque el Ministerio Público se incautó del avión, habían llegado a recibirlo al aeropuerto representantes de la empresa Tecnologías Unidas, vinculada a otro avión mexicano que llegó misteriosamente a Honduras en 2006.
Ese avión, un jet Grumman Gulfstream, bimotor, de bandera mexicana y modelo 1968, llegó al aeropuerto internacional Toncontín de Tegucigalpa en la noche del 24 de febrero de 2006, pilotado por los mexicanos Federico Rivielo y Carlos Enrique Messner, quienes al día siguiente abandonaron Honduras en un vuelo comercial.
La forma irregular en que llegó la aeronave a Honduras creó un ambiente de mucha especulación, porque extraoficialmente trascendió que venía para un alto cargo de este país, no identificado.
Las autoridades hondureñas, incluido el presidente Manuel Zelaya, dieron a la prensa diversas y hasta contradictorias versiones sobre el por qué y para quién venía el avión, pero ninguna fue confirmada.
Finalmente, el Ministerio Público subastó el aparato y lo vendió por 736.000 dólares a una empresa estadounidense, que se lo llevó sin que el caso se esclareciera en Honduras.