Sin poder disimular su impaciencia y su irritación, el presidente George W. Bush volvió a exigir ayer al primer ministro israelí, Ariel Sharon, que inicie inmediatamente la retirada de sus fuerzas de las ciudades palestinas ocupadas, y al mismo tiempo pidió a los líderes árabes que condenen el terrorismo.
En un tono que no parecía admitir réplicas, Bush dijo durante su viaje a Knoxville (Tennessee, sur) que esperaba "un retiro sin demora" de las fuerzas israelíes de las ciudades palestinas ocupadas, y que ya le había transmitido a Sharon su pensamiento durante una conversación telefónica que mantuvieron el sábado.
El mensaje presidencial fue comunicado directamente a Sharon ayer por el emisario estadounidense a Medio Oriente, Anthony Zinni, durante una reunión de más de dos horas.
Llamó, asimismo, a los dirigentes del mundo árabe a mostrarse más activos contra el terrorismo. "Para alcanzar la paz, es necesario que los dirigentes (árabes) se opongan y condenen las actividades terroristas", declaró Bush.
Por su parte, Sharon anunció que la ofensiva del Ejército israelí continuaría hasta cumplir su "misión", desafiando abiertamente a Bush, quien el sábado le había reclamado que comience su retiro de las principales ciudades de los territorios autónomos, donde realizan operaciones de limpieza contra supuestos elementos palestinos radicales.
El jefe del gobierno israelí confirmó, asimismo, su intención de ubicar, al término del retiro, fuerzas israelíes en "zonas de seguridad" que se establecerán en Cisjordania a lo largo de la "línea verde" que separa Israel de los territorios palestinos.
Sin embargo, en un cambio de última hora las fuerzas israelíes se retiraban anoche de las ciudades palestinas de Kalkiliya y Tulkarem, al norte de Cisjordania, anunció un comunicado del Ministerio de Defensa.
En tanto, en Naplusa los cuerpos sin vida de 10 palestinos se podrían en el pasillo de la mezquita Al-Beiq, en el interior del templo los heridos se desangraban y a pocos metros decenas de combatientes enterraron sus armas: la vieja Naplusa está destruida, al igual que el orgullo de sus habitantes, al final de una sangrienta batalla de cinco días contra Israel.
Los combates pararon desde el mediodía, pero nadie se atrevía a salir de la mezquita por miedo a los soldados israelíes. Las ambulancias nunca pudieron llegar hasta este punto del barrio porque una bomba partió la calle en dos.
Los médicos usaron al primer grupo de periodistas que apareció como escudo humano y evacuaron a los heridos más graves en precarias camillas o cargándolos sobre los hombros.
En tanto, la Curia General de los Franciscanos en Roma denunció ayer que el Ejército israelí intentó introducir tropas especiales en la basílica de la Natividad de Belén, apoyadas por fuego de artillería, y que en el ataque murió un palestino y resultó gravemente dañado un valioso mosaico.