Phnom Penh, que sobresalió en el pasado como la capital más bonita construida por los franceses en Indochina, se ha convertido en otra víctima de la rapiña inmobiliaria que sólo respeta los beneficios.
El principal objetivo de los especuladores y las constructoras son terrenos de titularidad pública que ocuparon supervivientes del régimen del Jemer Rojo a partir de los años ochenta y repatriados de los campamentos de refugiados tailandeses que se quedaron sin títulos de propiedad a causa de los estragos de la guerra civil.
A pesar de tener a su favor una ley que garantiza derechos sobre el suelo pasado cinco años, los mismos agentes del orden se encargan de echar a golpe de porra y con gases lacrimógenos a aquellos vecinos que rechazan las míseras compensaciones.
En ocasiones la situación se torna violenta, cuando los campesinos se niegan a desalojar la tierras que pertenecieron a sus familias por generaciones y que por causa de la guerra debieron abandonar.