Karachi, ciudad más grande de Pakistán, fue sumida ayer en una ola de violencia que dejó 45 muertos, a tiros, luego de que el asesinato de un prominente legislador desatara una serie de ataques de represalia, mientras en el noreste sufre graves inundaciones.
Fuerzas de seguridad intentaban controlar los disturbios que dejaron decenas de vehículos y comercios incendiados.
Escuelas y negocios cerraron en la urbe sureña, con al menos 16 millones de habitantes y una historia de violencia política, étnica y religiosa. La ciudad es guarida de extremistas de al-Qaida y del Talibán.