Bélgica rindió ayer homenaje a las 18 víctimas que murieron en la catástrofe de Ghislenghien en los funerales nacionales celebrados en un ambiente cargado de emoción en Ath, un sector industrial al sur del país convertido en un verdadero pueblo fantasma.
Los habitantes de esta pequeña localidad de aproximadamente 25,000 habitantes, en el sur de Bélgica, quisieron expresar masivamente su solidaridad con las víctimas acudiendo al centro de la ciudad para asistir a los funerales.
A estos actos asitieron el primer ministro Guy Verhofstadt, que había decretado para ayer día de duelo nacional, los ministros de su gobierno, el príncipe heredero Felipe y representantes oficiales de Francia e Italia, entre ellos la ministra francesa delegada para las Relaciones Europeas, Claudie Haigneré.
La explosión accidental se produjo el viernes pasado en un gasoducto en una zona industrial en Ghislenghien, situada a menos de 10 km de Ath, y dejó 18 muertos entre ellos tres franceses y tres italianos, así como un centenar de heridos en lo que se ha calificado como la peor catástrofe industrial que haya sufrido Bélgica en los últimos años.
Delante de la estación de bomberos, un jardín fue cubierto de ofrendas florales que se posaron encima de una lápida conmemorativa en la que se podía leer: "A los voluntarios bomberos. Nunca estarán en el olvido. La Ciudad de Ath los reconoce".