En julio de 1943, por ejemplo, un grupo de aldeanos bloqueo la entrada. Pero los refugiados encontraron una brecha y, luego de tres días, pudieron excavar otra salida.
Una noche de noviembre, los hombres fueron a adquirir cereales. La policía ucraniana los descubrió y comenzó a perseguirlos. La última bolsa con cereales se quedo atascada en la entrada de la gruta, como un corcho en una botella.
Los refugiados pudieron escuchar a los policías hablando. Luego, los policías comenzaron a disparar contra la entrada bloqueada. Pero ningún intruso oso ingresar a la cueva.
"Clausuramos ese agujero y no salimos durante seis semanas", dice Stermer.
Al parecer, la policía y los aldeanos creían que los refugiados estaban armados y protegidos dentro del laberinto de cuevas.
Finalmente, informes sobre la retirada alemana llegaron a los refugiados a través de una nota colocada dentro de una botella y dejada en la caverna. "Era increíble pensar que podíamos salir", dice Shulim Stermer. "Sentimos una increíble alegría.
Las familias, un total de 38 personas, se establecieron en el laberinto de la Gruta del Sacerdote. "Era tan oscuro que no se podía ver ni un dedo colocado frente al rostro", dice Stermer.
La temperatura de la cueva es de 10 grados centígrados durante todo el ano. En la húmeda oscuridad los refugiados comenzaron una vida de tareas asignadas y prolongados letargos, un estado de semi hibernación que, en determinado momento se prolongo 344 días.
En contraste, en 1972, en Texas, durante experimentos de la NASA sobre prolongados vuelos espaciales, el francés Michel Siffre estableció un récord de 205 días en una habitación subterránea.
La Gruta del Sacerdote continuo siendo un refugio. "Cuando estábamos adentro, sentíamos cierta seguridad", dice Stermer. "Sabíamos que sería muy difícil para los alemanes o para la policía ir allí, uno por vez, con los pies por delante".
Las familias compraron cereal a un amigo y lo molieron en un molino de fabricación casera. Otro producto muy valioso era la leña.
"No teníamos otra opción que la de salir, o morir adentro", dice Stermer. "Cortamos entre 10 y 15 árboles en trozos muy cortos, de alrededor de 1.5 metros de largo, a fin de que pudiesen pasar por la entrada.
"Eso fue lo mas peligroso, pues teníamos que hacer mucho ruido durante la noche", agregó.