El Papa Juan Pablo II hizo ayer un contundente llamado para poner fin a la guerra y el sufrimiento en todo el mundo, en un sermón desde la ciudad donde sufrió la represión nazi.
El pontífice regresó a su Polonia natal por novena vez desde su ascensión al pontificado, en 1978, para pasar cuatro días en Cracovia, donde en la Segunda Guerra Mundial hizo trabajos forzados ordenados por las fuerzas de ocupación alemanas y luego, como sacerdote, resistió a décadas de opresión comunista.
El anciano pontífice eligió el tema de la misericordia y el perdón para la homilía de su primera misa en este viaje, que para él estará lleno de momentos de nostalgia.
Dada su avanzada edad, esta puede ser la última visita de Juan Pablo II a su tierra natal.
“El mundo de hoy necesita enormemente la misericordia de Dios”, dijo el Papa durante la ceremonia de consagración de una nueva iglesia en las afueras de Cracovia, en el sur del país.
“En cada continente, desde la profundidad del sufrimiento humano, parece surgir un llanto por el perdón”, dijo el Santo Padre, de 82 años.
“Donde se imponen el odio y la sed de venganza, donde la guerra lleva sufrimiento y muerte a los inocentes, se necesita la gracia de la misericordia para reconfortar las mentes y corazones humanos y para llevar la paz”, afirmó.
La nueva iglesia, de concreto, con forma de barco rompiendo las olas, está dedicada a Santa Faustina, una mística monja polaca que murió en 1938, y tiene un especial significado para el Papa.
De joven, el pontífice rezaba todos los días en una iglesia que había en ese lugar, cuando iba a trabajar a una fábrica de refrescos de la maquinaria de guerra nazi. El papa recordó las botas de madera de fabricación casera que usaba en la época, cuando escaseaba el cuero.
“¿Quién habría pensado que alguien con aquellos zapatos de madera un día estaría consagrando esta basílica?”, dijo.
El Papa pareció en buen estado de salud cuando llegó el viernes. Ayer, tras dormir en el palacio que fue su residencia como arzobispo de Cracovia, parecía cansado y frágil. Leyó todo el sermón personalmente, pero sin el mismo vigor que mostró al llegar.
En la tarde pareció recuperar fuerzas, cuando pronunció un inesperado discurso desde la ventana de su residencia, deleitando a la multitud debajo, al referirse a su bullicio.
Unas 200,000 personas salieron a las calles ayer, para saludar al Papa, durante su viaje por Cracovia. Se espera que más de dos millones de personas asistan a una misa al aire libre en el parque Blonie de Cracovia hoy.