Pachencho, el muerto vivo de Cuba, asistió a su sepelio número 27 en un pueblo que ha convertido en tradición celebrar el falso velorio y entierro de un paisano en medio de una singular fiesta irreverente con la muerte y aderezada con mucho ron y música caribeña.
Santiago de las Vegas, en las afueras de La Habana, es la localidad donde cada año se celebra la muerte de Pachencho, personaje interpretado por un vecino del pueblo y al que acompañan en la farsa su supuesta viuda y un falso sacerdote que no para de tomar ron.
Remolcado por un tractor, el carro con el féretro fue paseado por las calles de Santiago de las Vegas, camino al cementerio local.
En tanto, un grupo musical con trompeta y tambores amenizó el recorrido tocando populares rumbas y congas cubanas, y sólo entonó una marcha fúnebre a la entrada del camposanto.
"!Ay, se fue mi marido, me quedé sola!", gritó la falsa viuda de Pachencho, al pie de la fosa abierta, mientras unos 70 vecinos bailaban y mandaban al "muerto" a cerrar los ojos para hacer más creíble el entierro.
Minutos después, Pachencho fue "resucitado" con un sorbo de ron, salió del sarcófago y comenzó a bailar en el mismo hueco, en tanto el cura y la viuda se sumaban al brindis.