El "Índice de Planeta Feliz" muestra a Colombia en el segundo lugar y a varias otras naciones latinoamericanas en los primeros escaños.
El estudio está basado en los niveles de consumo, expectativa de vida y felicidad, en vez de medidas de riqueza económica nacional como el PIB.
La encuesta fue adelantada por el centro de investigación New Economics Foundation (Nef).
La nación más feliz de la tierra, Vanuatu, tiene una población de 209.000 personas y su economía gira alrededor de la agricultura a pequeña escala y el turismo.
Uno de los autores del estudio, Nic Marks, sostuvo que el objetivo del índice era mostrar que el bienestar no tenía que estar conectado con el alto consumo.
Para Marks, el estudio revela como "podemos lograr vidas largas y felices para todos al tiempo que vivimos dentro de nuestras posibilidades ambientales".
Entre los primeros diez países del índice se ubican 7 naciones latinoamericanas y otras dos naciones del Caribe angloparlante: Dominica y San Vicente y las Granadinas.
Vanuatu es el único país entre los diez primeros que no se ubica en el hemisferio occidental.
Según el índice, los países latinoamericanos más felices son, en su orden: Colombia, Costa Rica, Panamá, Cuba, Honduras, Guatemala y El Salvador.
Los países de alto consumo no aparecen muy alto en la lista de naciones felices.
Por el contrario, muchas de las naciones más desarrolladas aparecen en puestos inferiores en la lista de 178 naciones.
Alemania aparece en el puesto 81, Japón en el 95, y Estados Unidos en el puesto 150.
Simon Bullock, coordinador económico de la organización no gubernamental británica Friends of the Earth sostuvo que el informe probaba que la felicidad no tenía que ser lograda al costo del deterioro ambiental.
"La economía británica absorbe grandes cantidades de los recursos escasos del mundo, pero los ciudadanos británicos no son más felices que los colombianos, quienes usan muchos menos recursos", sostuvo Bullock.
Un estudio reciente de la Universidad de Michigan indica que los electrodos pueden activar las regiones anatómicas vinculadas con el deseo, más que con el placer.
El científico Kent Berridge, director de este proyecto, reveló que los animales con los que experimentaron tenían una expresión facial particular cuando consumían alimentos sabrosos y dulces, y otra muy diferente cuando se les suministraba algo con sabor desagradable o amargo.
Cuando manipularon directamente los niveles de dopamina en el organismo de las ratas, encontraron que sus expresiones no se alteraban.
Así, Berridge estableció una diferencia entre deseo y placer, o entre "querer y gustar", observable tanto en términos de la actividad cerebral como por las sustancias neuroquímicas liberadas.
El sistema de emisión de dopamina parece estar así relacionado con el deseo, mientras que el sistema opioideo, que maneja compuestos químicos naturales similares a la morfina, está más vinculado con el placer.
Las investigaciones neurocientíficas se concentran en estos días en el estudio de la zona del cerebro conocida como córtex orbitofrontal: es la porción que muestra un desarrollo evolutivo más reciente en los humanos, y tiene conexiones con el sistema de dopamina y con el opioideo.
Después de miles de años en busca de la fórmula mágica, un equipo de neurólogos afirma que la felicidad es el resultado directo de la actividad cerebral, susceptible de ser observada y medida.
El investigador Morten Krigelbach indicó que la búsqueda de la felicidad ha sido una preocupación para los seres humanos desde los comienzos de la historia.
"Sin embargo, son pocos los que alcanzan este estado deseado, e incluso cuando lo hacen, sólo se dan cuenta más tarde", apunta el científico.
Hasta el momento, el foco de la investigación neuronal de la felicidad se centra en dos aspectos: el placer y el deseo.
En la actualidad se han desarrollado varias técnicas para medir la felicidad y existe un número importante de investigadores efectuando contribuciones. Alguien dijo "la felicidad es el único objetivo sensato para una sociedad educada y para sus miembros". Los economistas y sociólogos de los países industrializados parecen dar principio con esta frase cuando llegan a la pregunta: ¿Qué deberíamos hacer de forma diferente para ser más felices?