A cosado por las fuerzas gubernamentales, Pervez Musharraf presentó ayer su dimisión como Presidente de Pakistán y, tras defender su legado, pidió que sea el pueblo quien le juzgue.
En un discurso, Musharraf dijo actuar "por el bien de la nación" al evitarle la "inestabilidad" que ha supuesto el proceso de destitución que las fuerzas gubernamentales abrieron contra él.
El dimisionario presidente calificó de "falsas" las acusaciones de violación de la Constitución que se le han hecho y acusó a los socios del Gobierno de estar "engañando" a la nación y actuando por intereses personales.
Tras afirmar que quienes le acusan no podrían probar "ni uno solo de los cargos" contra él, también constató que superar el proceso de impugnación en el Parlamento no serviría para devolver la estabilidad al país.
Reacciones.
El gubernamental Partido Popular de Pakistán (PPP), que encabezaba la difunta Benazir Bhutto, calificó ayer la dimisión del presidente Pervez Musharraf como "una victoria del pueblo".
"La renuncia de Musharraf es una victoria de la gente de Pakistán. Finalmente los paquistaníes consiguen librarse de la dictadura y es un motivo de alegría", dijo un portavoz de la formación.
La fuente agregó que la marcha del ex general traerá "estabilidad política" al país, porque "durante los últimos meses Musharraf ha estado conspirando contra un gobierno civil".
Por su parte, la gubernamental Liga Musulmana-N, liderada por el ex primer ministro Nawaz Sharif, se felicitó ayer por la dimisión del presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, y se mostró contraria a otorgarle inmunidad a su salida del poder.
"Nuestra posición respecto a concederle una salida es clara. Musharraf ha quebrantado la Constitución y debe pagar por ello", explicó el secretario de información de la "Liga-N", Ahsan Iqbal.
Semblanzas.
Pervez Musharraf tomó el poder en un sangriento golpe de Estado y después llevó a toda una nación renuente a una guerra contra el terrorismo encabezada por Estados Unidos, una alianza con la que obtuvo aplausos en occidente, pero que alimentó enojo en casa.
Aunque pocos dudaron de que él quiso un Pakistán estable y moderadamente religioso, su compromiso con la democracia fue vacilante durante sus casi nueve años en el poder.
Mientras su fortuna política languidecía el año pasado, Musharraf recurrió a un decreto de emergencia, organizó una cacería de miles de opositores y despidió a jueces de criterio independiente de la Corte Suprema que pudieran haber impedido su reelección a un tercer periodo.