Los familiares de los 33 trabajadores atrapados a 700 metros bajo tierra desde el pasado 5 de agosto, en el norte de Chile, empezaron a abandonar el campamento “Esperanza” para retomar sus vidas, mientras los mineros empezaron a establecer contacto con la realidad del mundo exterior.
Con el objetivo de volver a la “vida normal”, como aconsejan los psicólogos, algunos familiares abandonaron el campamento donde han permanecido los últimos 21 días junto a la mina San José, en la espera de noticias de sus hijos, hermanos, esposos y padres.
Con la promesa del Gobierno de mantener con ellos comunicación telefónica o por correo electrónico para informarles de los progresos del salvamento, que puede demorar más de tres meses, adultos y niños volvieron a sus casas para retomar sus trabajos y sus clases.
También volverá a sus actividades el ministro de Minería, Laurence Golborne, tras permanecer tres semanas también a las afueras de la mina San José, a unos 830 kilómetros de Santiago.
Sin embargo, las instalaciones del campamento “Esperanza” seguirán en pie, ya que algunos familiares se resisten a marcharse.
Una nueva etapa también comenzó bajo tierra para los 33 mineros que poco a poco están tomando contacto con la realidad a través de las sondas que han alcanzado la galería donde se encuentran, por las que reciben agua, alimentos, oxígeno y medicamentos, además de mensajes.
Después del “Estamos bien los 33 en el refugio”, que el pasado domingo recorrió todo el mundo, el intercambio epistolar se hizo más fluido, lo que dio lugar a emotivas escenas en el campamento cuando el martes empezaron a llegar a la superficie las respuestas a las cartas que los familiares habían mandado al fondo de la mina.