Mientras la voz del mundo en desarrollo clama por poner coto a las causas del cambio climático, Indonesia y Samoa encaran la saña de la naturaleza con centenares de muertes y miles de seres casi sepultados.
Cientos de personas han perdido la vida y decenas están heridas tras el terremoto, seguido por varios tsunamis, que golpeó las islas del Pacífico Sur de Samoa Occidental y Samoa Americana. Poblados enteros fueron arrasados, y aún hay cuerpos desaparecidos y enterrados bajo la arena, lo que hace suponer que el número de víctimas seguirá aumentando.
Sólo 24 horas después de que esta catástrofe sucediera, otro potente terremoto sacudía Indonesia en la isla de Sumatra.
Deslizamientos de tierra fueron provocados por el terremoto, que arrasó por lo menos tres aldeas, los poblados de Pulau Aiya, Lubuk Lawe y Jumena, en el distrito de Pariaman, y enterró vivas, bajo toneladas de lodo y escombros, a por lo menos 644 personas, incluidos los asistentes a una boda.
De confirmarse esa cifra de los 644 muertos adicionales, el total de víctimas fatales del terremoto saltaría radicalmente a más de mil 300.
Estos dos potentes terremotos son solo una muestra de cómo se ha ensañado la naturaleza con el continente asiático, donde en los últimos años han ocurrido diversos temblores, como, por ejemplo: 2 de abril de 2007, un terremoto de 8 grados de magnitud se registró en las Islas Salomón Occidentales, provocó un tsunami que mató a más de 50 personas y causó el deplazamiento de miles de otras.
6 de marzo de 2007, un sismo de magnitud 6,3 afecta a la isla indonesia de Sumatra, derrumbó edificios y mató al menos a 70 personas.
El 17 de julio de 2006, al menos 596 personas murieron, otras 9.500 quedaron heridas y alrededor de 74.000 debieron ser desplazadas como consecuencia de un terremoto en el fondo submarino de magnitud 7,7, que afectó la isla indonesia de Java y provocó un maremoto.
Desafortunadamente, los terremotos no pueden ser predecidos con exactitud, lo único que saben los científicos es cuáles son las zonas de conflicto y la frecuencia aproximada de los terremotos más intensos.