Cientos de miles de liberianos vitorearon ayer a las fuerzas de paz de Africa occidental que se desplazaban por Monrovia, en una explosión de alegría en las calles que hace sólo una semana eran un peligroso frente de batalla.
Residentes de la devastada capital se sentaban en la parte delantera de los vehículos blindados de transporte de personal, agitando banderas blancas y estrechando las manos de los soldados extranjeros, e incluso limpiando las botas de los que consideran sus salvadores tras dos semanas de violentos combates.
Mientras, los cansados liberianos celebraban la llegada de las tropas de paz, el presidente Charles Taylor se preparaba para abandonar el país, asegurando que entregaría el poder a su vicepresidente, Moses Blah, el lunes próximo.
Las fuerzas de paz llegaron a Monrovia después de tres ofensivas rebeldes que dejaron al menos 2,000 muertos y convirtieron a la ciudad en un enorme campo de refugiados con poca agua y comida.
El mandatario, que no acudió a hablar ante los parlamentarios, como estaba inicialmente previsto, consideró que él no es "el problema de Liberia", contrariamente a lo que afirma la comunidad internacional.