Bélgica sigue buscando una solución a la crisis política desatada el viernes por la dimisión en pleno del Gobierno, acusado de presionar al poder judicial para influir en su decisión de suspender la división y venta del grupo bancario y de seguros Fortis.
El Rey de Bélgica, Alberto II, de quién formalmente depende la decisión final, no ha admitido aún la dimisión, por lo que en teoría el Ejecutivo sigue en funciones, aunque en la práctica se han suspendido todas las reuniones previstas que no tuviesen que ver directamente con la crisis política.
El soberano mantiene reuniones con los líderes políticos del país para intentar poner fin a la incertidumbre, lo antes posible.