Un grupo guerrillero, altamente entrenado y dispuesto a matar, que se hace llamar el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), tiene en vilo al país entero.
La organización ha sido señalada como un peligroso grupo criminal responsable de secuestros y atentados. Pero también ha sido sindicada como una guerrilla izquierdista dispuesta a "disparar y matar" para revertir las injusticias socioeconómicas en un país donde el 50% de la población vive por debajo de la línea de pobreza.
La presunta amenaza guerrillera justificó así la promulgación, el pasado 25 de abril, de un "estado de excepción", que por 30 días otorga atribuciones extraordinarias a las fuerzas de seguridad para detener a sospechosos sin mayores trámites.
A la declaración, le siguió el mayor despliegue militar que ha visto Paraguay desde el retorno a la democracia, en 1989: el presidente Fernando Lugo sacó a la calle a más de 3.300 efectivos, con arma en mano y ropa de fajina, que se convirtieron en presencia cotidiana en cinco departamentos norteños.
Temor.
La existencia militar trae a la vez temor y calma a Concepción.
Los pobladores aducen que los patrullajes han logrado reducir el crimen; sin embargo, en las zonas rurales aledañas, la realidad es otra: desde que declararon el estado de excepción, los campesinos apenas quieren salir de sus casas de madera y piso de tierra.
"Los militares piden documentos y acá hay muchos que nunca tuvieron", dice Nilda Mendoza, esposa de un labriego militante y madre de 10 niños.
A la comandancia fugitiva del EPP algunos afirman que no la conocen, otros que no la han visto desde que el grupo saltó a la primera plana de los medios nacionales. En cambio, varios han tenido contacto con los que han sido señalados como sospechosos de proveer "apoyo logístico". Lo que se torna problemático es el alcance del término "apoyo logístico" que manejan las autoridades y hace que los campesinos vean el estado de excepción como una "excusa" para criminalizar su lucha por tierras y mejoras socioeconómicas.
Por otro lado, son pocos los que creen que puedan cercarlos sin al menos incursionar a machete entre árboles y pajonales, entre ellos, los productores ganaderos, que se consideran los principales damnificados del grupo criminal. Entre la decena de acciones que le adjudican, se cuentan dos secuestros de estancieros de la zona, Luis Lindston y Fidel Zavala.
“Un 70% de los productores ya tiene miedo de asistir a sus establecimientos. El hábitat del EPP es el monte y, si no ingresan, no sé qué pueden lograr”, reclama ante BBC Mundo el presidente regional de la Asociación Rural, José Galeano.
Política.
Los comentarios sobre el EPP remiten al complejo entramado político de Paraguay. Un país donde, desde 2008, el presidente Fernando Lugo acabó con 61 años de hegemonía del conservador Partido Colorado, pero convive con un Congreso de mayoría opositora.
Analistas consultados por BBC Mundo señalan que el EPP le resulta "funcional a la derecha" dueña del poder económico y la mayoría parlamentaria, que podría sacar ventaja de un operativo fallido presentándolo como un signo de debilidad de la gestión presidencial.
Otros, en cambio, señalan que al mismo Lugo le falta voluntad política para la persecución, por simpatía con la ideología revolucionaria que se asigna al EPP. Algo que el Gobierno niega de plano.
Esta situación revivió en el Parlamento los rumores del posible enjuiciamiento político del jefe de Estado, Fernando Lugo, por presunto mal desempeño en sus funciones.
Mensaje.
El EPP afirmó que recurrirá al ataque a fuerzas policiales y personal de seguridad de las haciendas “en manos de la oligarquía tantas veces sea necesario” hasta lograr “la liberación del pueblo para instalar la felicidad del pueblo”.