El Papa encomendó a una Comisión Teológica Internacional, presidida por el cardenal Joseph Ratzinger, que revise la doctrina sobre "la suerte ultra terrena" de los niños que mueren sin recibir el bautismo.
"Es una cuestión de máximo interés" para la Iglesia Católica, señaló Juan Pablo II y advirtió que "no se trata simplemente de un problema teológico aislado".
La doctrina coloca a los niños muertos sin haber cometido pecados, pero también sin haber sido bautizados, es decir, con la culpa del pecado original, en el limbo, un lugar alejado de Dios.