Las bajas temperaturas y la lluvia en algunas zonas dieron ayer un respiro a los implacables incendios de California que han dejado 22 muertos, ciudades enteras calcinadas y 300,275 hectáreas del estado convertidas en ceniza. Al menos dos personas fueron confirmadas muertas ayer en los incendios que consumieron hasta ahora 3,179 edificaciones, entre ellas 2,535 hogares, informó el Centro de Comando de incendios.
Tan sólo en San Diego, sur de Los Angeles, donde dos focos parecen estar fuera de control, 16 personas fallecieron calcinadas, entre ellas un bombero, y 106 resultaron heridas, siete de ellas graves, añadió.
En San Bernardino, 80 km al este de Los Angeles, murieron cuatro personas, en tanto dos fallecieron en México, donde el fuego llegó traspasando las fronteras.
"Los números crecen todo el tiempo", dijo a la AFP Larry Benson, portavoz del Centro de Comando sur de incendios.
"Pero tenemos algunas buenas noticias debido a que las bajas temperaturas y un aumento en la humedad nos ayudan. De todas maneras, eso no frenará a los incendios y aún tenemos una gran tarea ante nosotros", subrayó.
Pese a los cambios climáticos, que han colaborado para que la totalidad de incendios del sur del estado pasaran a ser contenidos en un 70% ayer, en muchas zonas los vientos erráticos y alta nubosidad juegan a favor del fuego, que se alimenta de los árboles secos, fruto de la sequía y de la plaga de escarabajos.