Unos 2,000 estudiantes se concentraron ayer frente a la sede del Ejecutivo de Ecuador para exigir que se les aplique una tarifa de transporte especial y más recursos para la educación, y protagonizaron enfrentamientos con la policía.
Los manifestantes reunidos en la Plaza Grande, frente al Palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, gritaron consignas contra el Gobierno, al que acusaron de no cumplir sus promesas.
La guardia presidencial lanzó gases lacrimógenos, a lo que los estudiantes respondieron arrojando botellas con pintura contra la edificación, situada en el centro colonial de Quito.
Una delegación de estudiantes pretendía dialogar con el Presidente Lucio Gutiérrez, quien finalmente no los recibió.
Los manifestantes criticaron al Gobierno por incumplir su promesa de aplicar la tarifa estudiantil de transporte ofrecida a principios de año y advirtieron que continuarán con las movilizaciones.
El presidente boliviano consideró que la tregua concedida a su gobierno por los sectores sociales, que se movilizaron contra el proyecto de venta de gas y para pedir la renuncia del anterior mandatario, “es insuficiente” ante la complejidad del contexto nacional y la grave crisis económica.
Aseguró a EFE que la negociación con el movimiento campesino del altiplano, que ha dado de plazo al gobierno de 90 días, “será racional en una primera fase”. “Pero si no tenemos éxito -añadió- tomaremos posiciones más claras sobre lo que podemos y no podemos hacer”.
A los partidos políticos, que han quedado excluidos del ejecutivo en una fórmula inédita de gobierno, les pidió que “se den cuenta de que estamos en el mismo barco, que nos vamos a hundir juntos y que contribuyan (a evitarlo)”.
“Bolivia se encuentra ante un shock muy fuerte por la violencia, los muertos y la confrontación”, aseguró el gobernante tras reconocer que la situación del país ha propiciado peticiones de “federalismo, autonomía y de profundización de la descentralización” que deben ser estudiadas.
Sin embargo, rechazó que Bolivia camine hacia “la ruptura o el secesionismo”, sino a una mayor autonomía que exigen regiones del oriente y del sur boliviano, como Santa Cruz o Tarija.