Familiares atribulados incineraron ayer a las víctimas de un ataque con coches bomba en Bombay, mientras India reanudaba sus acusaciones de que su vecina Pakistán no estaba tomando medidas suficientes para frenar las actividades de militantes musulmanes.
El viceprimer ministro indio, Lal Krishna Advani, quien visitó ayer el lugar de las explosiones, dijo que Pakistán ha estado amenazando con una "guerra terrorista" a India durante años. Advani estuvo a punto de acusar a Islamabad directamente por las explosiones del lunes, que dejaron 52 muertos y 150 heridos, pero luego dijo que no sabía quién era el responsable del ataque. "La guerra terrorista de nuestro vecino (...) es en contra de toda la India", dijo Advani a periodistas.
Islamabad condenó como "terroristas" los ataques del lunes, que coincidieron con una mejoría de las relaciones entre India y Pakistán, ambas naciones con poderío nuclear. Advani dijo que Pakistán debería probar su sinceridad entregando a Nueva Delhi a los sospechosos de haber colocado bombas.
Policías patrullaron ayer con armas semiautomáticas los templos, mezquitas y lugares públicos del país, mientras realizaban redadas en barrios marginales de Bombay, sometiendo a varias personas a interrogatorio, al día siguiente del ataque en la capital financiera del país, que la policía sospecha fue obra de grupos musulmanes.
"Hemos incrementado la vigilancia en torno a lugares religiosos", dijo el portavoz policial de Nueva Delhi, Ravi Pawar. La Policía dijo que sospechaba de un grupo musulmán ilegal, que actuaría en connivencia con la organización separatista de Cachemira Lashkar-e-Taiba, con sede en Pakistán.