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Inseguridad y drogas obligan a construir muro fronterizo


La construcción de una muralla en la frontera que divide a Estados Unidos y a México sigue generando posiciones encontradas al respecto.
A juicio del encargado de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca, John Walters, el levantamiento de la pared divisoria entre ambos países tiene sentido porque hay áreas que requieren de barreras físicas o tecnológicas.
En declaraciones al diario El Universal, Walters expresó que "uno de los objetivos es controlar mejor la frontera para evitar amenazas".
"Tenemos cientos de toneladas de droga y cientos de miles de personas que están ilegales. ¿Cómo podemos sentirnos confiados de que tenemos seguridad para detectar armas de destrucción masiva o terroristas que están viniendo a través de la frontera?", agregó el funcionario.
"Claro que queremos el libre movimiento de personas -prosiguió Walters- que vengan a este país y se conviertan en ciudadanos, pero el tema es si es posible regularizar esta situación y proteger a la gente de criminales y terroristas", concluyó Walters.
El diario de la Santa Sede "LOsservatore Romano" recordaba el 12 de mayo de 2003 que para muchos Juan Pablo II era un Pontífice "molesto" y de ahí el deseo de eliminarle.
Tres años antes, Agca había trasladado a su abogada, Marina Magistrelli, la certeza de que había sido "un instrumento inconsciente de un plan misterioso".
Lo hizo después de que el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, anunciara la pronta revelación del tercer secreto de Fátima, que el Vaticano difundió el 26 de junio de 2000.
En uno de los párrafos del texto redactado por la vidente Lucía dos Santos se habla de un "obispo vestido de blanco" que muere a manos de "un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de armas de fuego y flechas".
Los "misterios de Fátima" intrigaban mucho a Ali Agca, que en la famosa visita que Juan Pablo II le hace el 27 de diciembre de 1983 en la prisión romana de Rebibbia, le pregunta qué es el tercer secreto de Fátima.
Posteriormente trascendió que también le preguntó al Papa por qué no había muerto, ya que él era un buen tirador y le apuntó al pecho para matarle y que Juan Pablo II le respondió que había sobrevivido "porque usted no tuvo en cuenta a la Virgen de Fátima".
Ese 13 de mayo de 1981 Karol Wojtyla llevaba colgada al cuello la medalla de la Virgen de Fátima, que le permitió repetir en adelante que una mano disparó -la del turco- y otra -la de la Virgen- desvió la bala y le salvó la vida.
La "mano que disparó" contra el Papa pertenecía a Agca, un joven de 22 años que había huido en 1979 de la justicia turca tras una sentencia a muerte por el asesinato del periodista Abdi Ipekci.
En su fuga, Ali Agca pasó primero por Bulgaria y luego viajó a Alemania, Italia, Suiza, España y Túnez, antes de presentarse en la plaza de San Pedro, armado de una pistola "Browning" de nueve milímetros.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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