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Inundación empuja la pobreza a las puertas del Congreso paraguayo

Los habitantes de La Chacarita son parte de las 58,300 personas de la capital que han tenido que abandonar sus hogares, mientras que en todo Paraguay hay unos 160,000 desplazados por la subida de los cauces, según la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN).


Damnificados construyen sus casas en otros sectores
  • Otros de los desplazados de La Chacarita por la crecida del río Paraguay han remontado el aparcamiento y se han asentado en una plaza junto al Cabildo, histórico edificio colonial situado entre la Catedral y el Congreso, donde han comenzado a levantar estructuras rudimentarias.
  • Allí las edificaciones son todavía más precarias que metros más abajo, ya que se componen de cartones y mantas viejas. Así es la barraca que ha improvisado Felipa García, una anciana que, para ganarse la vida, lava ropa y recoge envases de plástico que luego vende como material para el reciclado. Miriam Chávez, su vecina de penurias, ni siquiera había logrado hacerse con un techo para cubrir la inestable tienda que ha montado.

La subida del río Paraguay ha empujado la pobreza a las puertas del Congreso en Asunción, pues ha obligado a los residentes de uno de los barrios más míseros a subir la ladera y montar refugios con maderas y mantas ante lo que consideran la indiferencia de sus vecinos, los políticos.

Los habitantes de La Chacarita son parte de las 58,300 personas de la capital que han tenido que abandonar sus hogares, mientras que en todo Paraguay hay unos 160,000 desplazados por la subida de los cauces, según la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN).

Desde hace unos días, unas 250 personas de La Chacarita desalojadas por el agua se han armado de maderas, cartones y hule para instalarse con sus familias en un terreno que hasta ahora servía de aparcamiento para funcionarios del Congreso.

Eugenio Ferreira, que se dedica a la venta de alimentos, dijo que tuvo que marcharse con todas sus pertenencias a ese lugar, después de que las aguas se tragaran su casa.

 

Me he gastado dos millones de guaranís ($453) en comprar madera y en todo el traslado. La Alcaldía ha repartido a cada familia 10 chapas de madera fina, lo que no es nada, indicó frente a las galletas, yerba, aceite y otros productos que se ha llevado consigo.

Ferreira se queja de que las condiciones en las que viven ahora son infrahumanas: carecen de agua potable y electricidad, y los escasos sanitarios proporcionados por el Ayuntamiento están atascados.

Estamos como si no existiéramos, como si fuéramos animales, protestó ante su mujer y algunos de sus hijos menores.

 

Añadió que es inconcebible que la gravedad de la situación no haya despertado el interés de los diputados y senadores.

Aquí no se ha acercado ninguna autoridad. Qué les cuesta a los congresistas acercarse a preguntarnos qué nos falta cuando estamos a solo 10 metros de ellos, planteó.

Al lado, Juan Carlos Resquín, pintor de obra, señaló que él también ha tenido que adquirir puntales de madera para su temporal refugio, después de ver inundada su casa.

 

 


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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