Los mismos jóvenes dicen que sus vidas son desechables, recalca, Víctor Valencia de los Santos, secretario de Seguridad Pública del estado de Chihuahua.
Precisa que cuando tienen una adicción y empiezan a trabajar para un cartel de la droga, ellos calculan que van a vivir tres o cuatro años”.
Según Valencia, no es extraño que el crimen organizado reclute jóvenes de apenas 15 años en los mismos centros de rehabilitación para utilizarlos en actividades delictivas como robo de automóviles y viviendas, secuestros y extorsiones.
Al parecer, estimulan su adicción, los envían a delinquir y luego se deshacen de ellos cuando no los necesitan.
Son, de acuerdo con especialistas que trabajan en la zona, una especie de generación perdida que no tiene oportunidades laborales ni la independencia suficiente para buscarse una vida mejor.
Algunos de los jóvenes que llegan a los albergues están genuinamente tratando de superar su adicción para llevar una vida lejos de los carteles de la droga y otros, en algunas ocasiones, usan los centros de rehabilitación como refugio para esconderse de los enemigos.
Las interpretaciones son muchas y las historias de vida muy diferentes.
Según Valencia, en ciudad Juárez existen más de 135,000 jóvenes adictos de entre 17 y 25 años que se han convertido en una población vulnerable a la acción del crimen organizado.
Raúl Montoya, coordinador del Consejo Estatal contra las Adicciones en Juárez, aseguró que existen cerca de 70 centros de rehabilitación en la ciudad, pero declinó al referirse a la situación que viven los jóvenes porque “se trata de un tema de seguridad”.
Masacres.
La matanza del centro Aliviane no ha sido el único episodio violento en centros de rehabilitación de drogadictos en Ciudad Juárez.
Ya van cinco en el último año, según datos oficiales.
Las autoridades aseguran que ciudad Juárez se ha convertido en tierra de nadie por la cantidad de asesinatos que se han producido este año.
Pese a que el Gobierno mantiene más de 6 mil militares en la zona para combatir al crimen organizado, agosto fue uno de los meses más violentos en la historia reciente de la ciudad con un promedio de once muertos al día.