Las milicias kurdas entraron ayer, sin encontrar apenas resistencia y entre el júbilo de sus habitantes, en la ciudad de Kirkuk, estratégico yacimiento petrolífero del norte de Irak, hasta ahora bajo el control del régimen de Sadam Husein.
La llegada de los combatientes de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y el Partido Democrático Kurdo (PDK) a la ciudad que los kurdos consideran su "capital histórica" -que quedó fuera de la región autónoma creada en 1991- fue aclamada por sus habitantes, que los recibieron como a auténticos libertadores.
Un convoy de más 100 vehículos con varios miles de "peshmergas" kurdos, que enarbolaban las banderas verdes y amarillas de sus formaciones políticas, atravesaron las principales calles de la ciudad hasta llegar al centro sin tener que usar sus armas.
Aunque según algunas fuentes podría quedar algún pequeño foco de resistencia en el noroeste de la ciudad, los milicianos no han encontrado ni rastro de los militares iraquíes que hasta hace pocas horas custodiaban Kirkuk, una de las dos localidades del norte, junto a Mosul, más castigadas por los bombardeos aliados.
Por su parte, el secretario de Estado de EU, Colin Powell señaló ayer que había alcanzado un acuerdo con Turquía para lograr el retiro de fuerzas curdas de Kirkuk. Powell dijo a la Associated Press que en una conferencia telefónica con el ministro del Exterior turco, Abdulá Gul, también alcanzó un acuerdo para reducir la probabilidad de que Turquía envíe fuerzas militares al norte de Irak.
El miércoles, Powell accedió a que Turquía enviara un pequeño grupo de observadores militares a Kirkuk, aunque le indicó que Estados Unidos se encargaría de que los kurdos se replieguen. "Les ofrecimos garantías"", indicó Powell.