Un equipo de científicos estadounidenses ha descubierto que la fructosa, una forma de azúcar simple encontrada en las frutas y en la miel, puede convertirse en un nuevo y potente biocombustible, según publica la revista científica británica "Nature".
Los investigadores desarrollaron un proceso catalítico que convirtió la fructosa en 2, 5-dimetilfurano.