Benedicto XVI, que hoy concluye su pontificado, siempre coincidió con Juan Pablo II sobre América Latina, donde vive la mitad de los casi 1,200 millones de católicos del mundo, al considerarla el territorio de la esperanza, pero también donde la Iglesia se juega parte de su futuro.
De ahí que durante su visita a Aparecida (Brasil), en 2007, para la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Celam), el papa Ratzinger considerara “urgente” una nueva evangelización del territorio para afrontar la disminución del número de católicos, el avance del “secularismo hedonista” y la penetración de las sectas.
La conferencia de Aparecida puso en marcha esa nueva evangelización 500 años después de la llegada del cristianismo al continente, que sigue sufriendo “dolorosas situaciones” de emigración y desigualdades y donde no han desaparecido las bolsas de pobreza.