A pesar del avance tecnológico y de las conquistas alcanzadas en el último siglo, aún la mujer panameña enfrenta un alto grado de discriminación laboral al no poder alcanzar los puestos directivos en empresas privadas e instituciones públicas con la misma facilidad que los hombres.
De acuerdo con estudios del Ministerio de Trabajo, la tasa de mujeres incorporadas al proceso productivo sólo alcanza el 45.9% de la población, mientras que los hombres llegan al 61%.
Esto queda claro en la encuesta de hogares realizada hace un par de años que indica que el mercado laboral panameño tiene ocupadas a 330.945 mujeres y a 643,303 hombres, a pesar de que, según cifras de la Universidad de Panamá, el 80% de la población estudiantil femenina culmina sus carreras con el índice académico más alto.
También se establece que casi el doble de la población desocupada son mujeres, a pesar de que gozan en términos generales de un mejor grado de instrucción que el sexo masculino. Todo esto evidencia una discriminación por sexo al momento de su contratación.
Las cifras salariales expresan la desventaja de la situación laboral femenina y la iniquidad existente en el mercado de trabajo. Las mujeres que laboran para el sector privado parecen sufrir una mayor discriminación salarial, ya que el monto promedio de sus salarios es inferior al de los varones en B/ 87.33. Es decir, las 91,599 mujeres, que en agosto de 2007 trabajaban para empresas particulares, recibían salarios que promediaban B/ 423.99 mensuales, mientras que los casi doscientos mil hombres que laboraban en ese sector promediaban B / 511.32 mensuales.
En el sector público también existe una diferencia salarial promedio desfavorable a las mujeres, pero en un grado mucho menor que en el sector privado, al igual que existe una cifra casi equitativa de empleados de ambos sexos.
En agosto de 2007, trabajaban para el Gobierno central 44,169 mujeres y 48,695 hombres. Las mujeres recibían un salario mensual promedio de B/ 478.92, mientras que los hombres promediaban B/ 507.09.
En conclusión, en el sector público la diferencia salarial promedio se reduce a B/ 28.17 balboas a favor de los hombres, menos de la mitad de la diferencia que existe en el sector privado.
El machismo debe desaparecer.
En ese sentido el sociólogo Marco A. Gandásegui explicó que la discriminación laboral de la mujer es un problema estructural de la sociedad a escala mundial, producto del cambio que introdujo el capitalismo.
Gandásegui aseguró que en la medida que los cambios maduran la mujer alcanza niveles similares al hombre. Estos avances son producto de sus luchas y en la medida que se madure se alcanzará un nivel de igualdad.
A su juicio, a medida que los resabios del machismo van desapareciendo por el avance de la sociedad esta situación se irá superando.
Afirmó que en algunas áreas ya se perciben avances en este sentido, como el área educativa en la que las mujeres han alcanzado reconocimiento y constituyen un alto porcentaje de la fuerza laboral.
Gandásegui también estimó que en algunos países las mujeres se han organizado para exigir su espacio y el respeto a sus derechos ciudadanos, pero que aquí todavía no se alcanzan esos grados de organización popular.
Tome nota.
Una de las pocas metas de la ONU para el milenio ya cumplidas en América Latina y el Caribe es la de igualdad de género en el acceso a la educación, pero ello no se refleja en mejores oportunidades laborales para las mujeres, que siguen con salarios más bajos que los hombres para igual función.
En el otro extremo de la pirámide social y educacional, las desigualdades están cruzadas por la discriminación étnica, además de por la pobreza, la cuestión rural y la maternidad precoz. En Bolivia, Brasil, Ecuador, Guatemala y Panamá, el analfabetismo de las mujeres indígenas es superior al de los hombres, según el informe de Cepal.