Científicos holandeses han descubierto que la leche de coneja genéticamente modificada podría tener efectos positivos para quienes padecen enfermedades cardiovasculares.
La primera en comenzar a producir este tipo de leche es una granja de Holanda, en la que los conejos han sido genéticamente modificados para incluir un gen humano y el contenido de una proteína, el inhibidor C1.
La proteína C1 ayuda a controlar las inflamaciones en el cuerpo, por lo que los bajos niveles de la misma pueden ser perjudiciales para la salud.
Hasta ahora esa proteína se extraía de la sangre humana y de la de otros animales, pero resulta muy caro obtenerla y conlleva el riesgo de infectarse con virus como el del sida o el CJD, variante humana de la llamada "enfermedad de las vacas locas" .