La liberación incondicional del ex presidente mauritano Sidi Mohamed Uld Cheij Abdalahi, depuesto en el golpe de Estado del pasado 6 de agosto, es fruto de la presión de la comunidad internacional, pero no colma las exigencias de la oposición que reclama que se le restituyan sus funciones legítimas.
Su puesta en libertad estaba prevista para el próximo 24 de diciembre, tres días antes de la organización de los Estados Generales de la democracia, anunciados por la Junta Militar para el próximo sábado con el objetivo de refundar la democracia en el país.
Sin embargo, el ex Presidente, que se encontraba bajo arresto domiciliario en su pueblo natal, situado a unos 250 kilómetros de Nuakchot, fue liberado y trasladado.