La ayuda internacional comenzó a llegar hoy a Chile acompañada, en algunos casos, de la visita de mandatarios internacionales, mientras que los chilenos se organizan para socorrer a los damnificados por el terremoto que se ha cobrado ya la vida de unas 800 personas.
En respuesta al llamado de la presidenta Michelle Bachelet, países ricos y pobres acuden en ayuda de los dos millones de chilenos que han perdido sus hogares y, en algunos casos, a sus seres queridos bajo las aguas del Pacífico o los escombros de sus viviendas.
La base de la Fuerza Aérea de Chile situada a las afueras de Santiago, el lugar de acopio de la ayuda humanitaria, fue escenario este martes de las visitas de la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton; el presidente de Perú, Alan García, y el canciller de Bolivia, David Choquehuanca, después de que ayer lunes lo hiciera el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
La mandataria chilena, Michelle Bachelet, acompañada del canciller, Mariano Fernández, y del presidente electo, Sebastián Piñera, se reunieron con los dignatarios extranjeros para explicarles la situación y recibir su ayuda, desde acceso a "créditos blandos" para la reconstrucción, hasta donaciones de sangre.
En este sentido, Bachelet y Piñera le pidieron a Clinton, quien realiza su primera visita oficial a Chile como jefa de la diplomacia estadounidense, apoyo financiero para reconstruir el país tras el terremoto y el tsunami del pasado sábado.
"Estamos dispuestos a ayudar sea como sea; así se lo he comunicado al Gobierno", aseguró Hillary Clintón, quien anunció el envío de hospitales de campaña, helicópteros y puentes portátiles.
Más modesta, pero no por ello menos generosa fue la aportación anunciada por el ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, David Choquehuanca, quien llegó a Santiago con un cargamento de 40 toneladas de agua y la disposición de donar "incluso sangre" para las víctimas.
Aunque ambos países no mantienen relaciones diplomáticas y Bolivia reclama el acceso al mar que perdió frente a Chile en la Guerra del Pacífico (1879), la tragedia ha permitido dejar a un lado las discrepancias políticas.
Esto es también lo que ha sucedió en el caso de Perú, país que hace un año presentó ante el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya una demanda por la demarcación de la frontera marítima a la que Chile debe responder precisamente antes de una semana.
Pero el presidente peruano, Alan García, recalcó hoy que éste es el momento de "fortalecer la fraternidad, la cercanía y la verdadera unión entre los pueblos".
Mientras, la llegada de casi 15.000 militares a la zona del desastre, focalizada sobre todo en la ciudad de Concepción, la tercera en importancia del país, frenó los actos de vandalismo y rapiña.
La advertencia de la presidenta Bachelet de actuar "con toda la severidad que sea necesaria" vino acompañada de la presencia de tanquetas y vehículos militares en la región del Biobío, que fue saludada con multitudinarias muestras de apoyo.
Los damnificados confían en que la presencia de los soldados y marinos ataje el saqueo que en las últimas horas se apoderó de las calles de Concepción, Talcauano y otras localidades de la región, y que los militares empiecen a distribuir el agua, los alimentos y os artículos básicos de los que carecen desde hace cuatro días.
Y tan aplaudida o más que la presencia de los militares es la de los equipos que han conseguido rescatar a la mayoría de las personas que quedaron atrapadas bajo los escombros de un edificio en la ciudad chilena de Concepción, que se desplomó el pasado sábado.