AP
Una intensa lluvia cayó ayer sobre las áreas de Afganistán devastadas por varios terremotos y complicó más los esfuerzos de socorro, ya afectados por la amenaza de minas terrestres y réplicas. La lluvia congelada, que se pronostica durará varios días, convirtió en lodazales los caminos sin asfaltar y amenazó con impedir el aterrizaje de helicópteros, fundamental para llevar alimentos, medicinas y tiendas de campaña a miles de personas que perdieron sus hogares. La cifra confirmada de muertos cuatro días después de una serie de terremotos era de alrededor de 800 y unas 500 personas gravemente lesionadas.
Se calcula que 20,000 se encuentran a la intemperie en las laderas de las colinas y montañas que rodean a Nahrin temerosos de regresar al pueblo a causa de las réplicas que han derribado los edificios de lodo que sobrevivieron los sismos originales.
"Esto se ha convertido en una pesadilla logística", dijo un trabajador humanitario extranjero en el lugar. "La lluvia es lo último que nos faltaba. Esta pobre gente". Helicópteros Chinook estadounidenses y británicos han llevado 90,900 kilogramos de arroz, frijoles, trigo, agua, frazadas, carpas y suministros médicos a Nahrin.
Tres hospitales móviles establecidos por tropas internacionales comenzaron ayer a dar tratamiento a las víctimas del terremoto, al tiempo que trabajadores de asistencia y residentes se preparaban para las lluvias que podrían afectar los caminos y hacer más lenta la entrega de ayuda.
Lluvias, minas y réplicas complican tareas de socorro
Se esperan más lluvias que provocarían deslaves y obstaculizarían los caminos, haciendo imposible la entrega de suministros.