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Martillos y cuchillos usados en masacre en penal de México

La peor masacre al interior de un penal en la historia reciente de México fue resultado de una pelea con cuchillos y martillos que derivó en un baño de sangre y mostró una vez más el poder que los carteles de las drogas mantienen incluso fuera de las calles.

Integrantes del ejército mexicano y la Fuerza Civil custodian las inmediaciones del penal de Topo Chico. Foto: EFE
Integrantes del ejército mexicano y la Fuerza Civil custodian las inmediaciones del penal de Topo Chico. Foto: EFE

La peor masacre al interior de un penal en la historia reciente de México fue resultado de una pelea con cuchillos y martillos que derivó en un baño de sangre y mostró una vez más el poder que los carteles de las drogas mantienen incluso fuera de las calles.

El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, dijo el viernes que luego del motín y riña que dejó 49 muertos las autoridades encontraron al interior de la cárcel de Topo Chico 60 martillos, 120 puntas de metal artesanales y 86 cuchillos que fueron utilizadas en el enfrentamiento entre quienes se cree son miembros de dos facciones del cartel de las drogas de Los Zetas.

Dijo que al menos 40 de las víctimas ``fallecieron por heridas de armas punzocortantes, golpes que se dieron a través de martillos, palos, lo que hoy mencioné que encontramos ahí''.

Añadió que en la prisión, sobrepoblada y donde conviven sentenciados y procesados por delitos comunes y crimen organizado, también localizaron marihuana, cocaína y pastillas psicotrópicas, además de memorias USB, dos pantallas y reproductores de mp3.

Expertos y organismos de derechos humanos han advertido por años del control que los grupos criminales mantienen en varios penales del país. Y Rodríguez lo admitió públicamente.

``Lo que tenemos que ver con realidad en el sistema penitenciario es que hay autogobierno'', dijo el gobernador. ``Toda esta corrupción al interior del penal generó esta condición que hoy tenemos''.

 

Esta situación no es ajena a Victoria Casas Gutiérrez, una limpiadora que el jueves esperó durante horas a tener noticias sobre su hijo Santiago Garza Casas, de 21 años, que enfrenta juicio por actuar como presunto vigilante para una banda criminal.

Santiago entró al penal de Topo Chico en septiembre por faltar a una cita de la libertad condicional. Allí pronto se mezcló con sus residentes, entre los que hay asesinos.

Con sus conexiones con las bandas y acceso a drogas y armas, son muchos los que dicen que los Zetas y el cártel del Golfo son quienes mandan en la prisión.

 

``Piden cuotas y si los familiares no traen cierta cantidad... Los golpean'', explicó Casas Gutiérrez. La cantidad depende de sus delitos, pero puede llegar a ser de miles de pesos. ``A veces tenemos que vender nuestras casas''.

``Hay vicio adentro y todo lo que hay adentro es culpa de ellos, de las autoridades'', agregó.

Casas Gutiérrez tuvo suerte, el nombre de su hijo no estaba en la lista de 40 muertos publicada el jueves, pero algunos cuerpos estaban tan carbonizados que pasarán días hasta que puedan ser identificados.
 


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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