Los muertos en un penal hondureño incendiado ascendieron a 358, según el juez encargado por la Corte Suprema para recabar datos de la tragedia.
El juez ejecutor de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Ordóñez, quien encabeza un equipo de 150 funcionarios que realizan pesquisas en el penal incendiado expresó que un total de 358 cuerpos han sido localizados.
Indicó también que el fuego empezó en el hogar seis, en donde había 105 prisioneros, de los cuales solo cuatro sobrevivieron.
Un total de 150 cuerpos estaban siendo transportados hacia la morgue de Tegucigalpa para que sean identificados, según Ordóñez.
El penal es una granja de rehabilitación en donde los encarcelados cultivaban sus propios alimentos que albergaba a un número de 856 reos, más del doble de la capacidad con la que las instalaciones fueron construidas.
El incendio, que se registró a las 22:55 horas local (04.55 GMT) y fue controlado alrededor de las 3:30 hora local.
Entretanto, en las afueras de la cárcel, decenas de familiares de los reos se enfrentaron con la Policía en un intento por tomarse la prisión para que les entregaran los cadáveres de las víctimas.
Los agentes del orden hicieron disparos y lanzaron bombas lacrimógenas para contener a los deudos, que indignados les lanzaban piedras.
La multitud rompió las cercas y el portón de la entrada principal de la prisión y entraron.
Falta.
Los guardias pensaron que se trataba de una fuga masiva e impidieron durante media hora que los bomberos pudieran combatir el incendio que dejó 358 reos calcinados o asfixiados en el interior de sus celdas, que estaban aseguradas con candados.
“Aguardamos unos 30 minutos afuera del centro penal, mientras escuchamos disparos. Luego, los guardias nos permitieron el ingreso y comenzamos a apagar las llamas”, dijo a The Associated Press el jefe de los bomberos de Comayagua, Leonel Silva.
Los vigilantes adujeron que cumplían con el protocolo de seguridad en los penales. El 57% de los confinados no habían sido condenados.